Inclaudicable batallador: Raúl Roa García

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Pocos hombres alcanzan trascender en el tiempo por los valores, las  enseñanzas, las dotes excepcionales de maestro y el ejemplo de intelectual revolucionario, uno de estos hombres es Raúl Roa García.

Roa expresó: "Descubrí que era revolucionario el día que me sentí disconforme con el mundo restante y anhelé uno más justo y bello: Julio Antonio Mella contribuyó decisivamente y acaso también el sedimento inconsciente de mi progenie mambí, a la sombra iluminada de mi abuelo, Ramón Roa".

Fue siempre un intelectual comprometido, desde sus inicios como dirigente estudiantil, como profesor y decano, periodista, escritor y como hombre destacado de la cultura cubana. Entre sus libros más importantes se encuentran “Retorno a la alborada”, “Aventuras, venturas y desventuras de un mambí” y la “Revolución del 30 se fue a bolina”.

Roa desde la adolescencia se vinculó a los movimientos revolucionarios del país, primero contra la tiranía machadista y después contra la batistiana. Sufrió prisión en más de una oportunidad e incluso fue forzado al exilio. Fue un cronista de su época, del acontecer universitario, un combatiente escritor y un escritor combatiente, como su abuelo Ramón Roa, y también un autor imprescindible para entender la historia de la Universidad de La Habana en la época de la lucha contra el dictador Gerardo Machado y las etapas posteriores.

Fidel Castro, el líder de la revolución cubana lo designó el primer canciller del Gobierno Revolucionario, el 13 de junio de 1959. Fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Fidel tuvo en él un intérprete idóneo de sus concepciones sobre la diplomacia revolucionaria. Y llevó la Revolución al Ministerio de Estado, que pronto cambiaría su nombre por el de Relaciones Exteriores. Representó a Cuba como embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA).

Sobre su labor en la ONU, Roa expresó: “Yo sé que estoy aquí luchando por una causa hermosa: la sobrevivencia, consolidación y desarrollo de la Revolución Cubana, gravemente amenazada por un coloso al cual se le han aliado, por ley inexorable de la Historia, las fuerzas más reaccionarias, agresivas y explotadoras de nuestro tiempo…”

En los foros internacionales su voz se alzó no solo en defensa de las causas justas de nuestros pueblos de América sino de todo el mundo. Por su destacada labor en este frente, el pueblo le llamó con admiración y cariño el “Canciller de la Dignidad”.

Revolucionario vertical, leal al pueblo, alzó la justicia y la verdad a través de la palabra precisa en el permanente batallar por el destino de nuestros pueblos ese prestigio ganado por su intransigente actitud  lo acompañó hasta su muerte, el 6 de julio de 1982. El pueblo cubano le rindió tributo en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.

Con su deceso, comenzó el reposo de su pluma, pero no el de sus ideas, que mantienen toda su frescura y vigencia.



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