Niños jugandoEste domingo volví a ser niño entre sonrisas y juegos infantiles. Caminé las calles y avenidas de San Antonio de los Baños y a pesar de la tenue llovizna que mojó el asfalto, no faltaron los juegos de participación, las competencias de bolas, las carreras en sanco, la tracción de la soga, el juego a la chapata, la una mi mula y lograr ponerle el rabo al burro.Volver a ser niño, también me trajo nostalgias y añoranzas. Mi memoria montó el tío vivo, las hamacas y el cachumbambé del parque “Fanfa”. Corrí travieso tras la pelota de béisbol, que se perdía en el terreno de la Parroquial. Asimismo, la chivichana que hizo el viejo, sirvió para deslizar mis recuerdos por la amplitud del parque central. Monté carriola, jugué a los agarrados, el chucho escondido y el burriquito 21. ¡Cuántas cosas lindas agolpadas en apenas minutos!.
Este domingo de julio, despertó mis deseos de hacer, en bien de la niñez. Los que saben querer, dejaron volar sus ansias de ser dueños del universo y montaron el chivo en el parque de la iglesia, saborearon un granizado, un helado, un paquete de rositas de maíz y dieron riendas suelta a las travesuras típicas de su edad.
Volver a ser niño, despertó en este cronista el desvelo por ver la felicidad de todos los pequeños del mundo, la lucha sin descanso por la igualdad de la especie, sin discriminación racial ni credo religioso. Ellos, los de la “Edad de Oro” con Nené Traviesa y Pilar, caminaron las páginas de ese cuaderno que escribió el maestro José Martí. Todos, merecen el cuidado y respeto, porque su ingenuidad no alcanza para valorar las barbaries del mundo actual, pero sí los alimenta a ser fieles a sus sueños y confiados en un mundo mejor.
Domingo para cargar las pilas con el verano, la playa, el campismo, los Juegos Escolares Nacionales de Alto Rendimiento, la lectura de un buen libro, una partida de ajedrez o el pateo a un balón de fútbol. Domingo para grandes y chicos unidos en un solo fin: fundar una esperanza. Así celebraron los niños del Ariguanabo y toda la isla, desde el Cabo San Antonio hasta la Punta de Maisí.
Domingo para guardar. Llegó la noche y puse mis recuerdos a descansar. Hoy siento orgullo de ser cubano, tener una sociedad como la nuestra, sana, fuerte, nutrida de valores éticos y morales que forman el futuro de hombres de ciencia, cultura, deportes y educación. ¡Gracias, Revolución!, por este Día de los niños.
Fiesta del mestizo, negro, rubio o mulato. Todos hicieron una muralla donde solo la rosa y el clavel de Nicolás Guillén bailaron al ritmo del Songorocosongo. Los poemas del apóstol estrecharon consonantes con los de Mirtha Aguirre y pasearon con “El cochero azul”. Fue un domingo para navegar juntos en el barquito de papel que montó a Teresita Fernández con su gatico Vinagrito y la hormiguita retozona.

