Amaneció como de costumbre en el valle ariguanabense. La brisa de la madrugada es tenue y las calles de la Villa sienten un ajetreo diferente. Es la preparación de los corredores para la maratón “Andarín Carvajal”, evento que se corre en San Antonio de los Baños desde el 2003, en homenaje a esa gloria de las carreras de largo aliento en Cuba.Hoy desperté con la ilusión de correr contigo Andarín. No pude hacerlo porque las responsabilidades del trabajo periodístico, desde una cabina de radio me lo impidieron, pero sentí tu presencia como si fueran las olimpiadas de 1904. Junto a los atletas de esta vez, apareciste como uno más del grupo, te alistaste para la arrancada y tu aliento se respiró con el ánimo de llegar a campeón, igual que en San Luís. Ahora no estuvieron las manzanas que te provocaron el abandono de la carrera en esa olimpiada, pero sí los sueños de cientos de corredores de ser como tú y llegar a la meta con el amor de saberse campeones, como tú lo hiciste esa vez, con tus propios esfuerzos y sin el apoyo de hoy, solo el amor te hizo grande y te llevó a Estados Unidos. Sí, el amor de convertirte en olímpico y correr, correr, correr. . . .
Eran tiempos difíciles y tú lo sabías. Llegaste asombrando a todos. Sencillo, sin los recursos tecnológicos de la época, pero con una preparación tremenda, a fuerza de sacrificio. Tus piernas eran fuertes como las de cualquier competidor. Sabías que podías. Muchas fueron las veces que corriste por las calles y avenidas de tu capital para ganar el subsidio del día. Con la noticia en el pecho y las ganas de seguir para que no te vencieran las precarias situaciones de la Cuba colonizada.
Hoy se corre en tu nombre. Unos “locos” te idolatran y hacen una maratón para que nunca mueras. Una maratón que crece por años y a la que todos quieren venir, porque saben su significado y nivel organizativo. Es la hora de la arrancada. Sonó el disparo que echó a andar el pelotón, para que volaran los sueños y se sudara sobre el asfalto. Allí estabas tú, Andarín Carvajal. ¡Suerte campeón!. Yo corrí contigo desde mi cabina de radio. Hice el periodismo que merecía esta competencia y en cada zancada y kilómetro, estuviste tú, como en San Luís 1904.

