Foto cortesía del autor.
David Blanco hizo disfrutar al pueblo de San Antonio de los Baños La noche se ponía vieja en San Antonio de los Baños. Las estrellas brillaban en el cielo junto al calor de julio en fecha histórica para todos los cubanos. Era el Día de la Rebeldía Nacional y la juventud del Ariguanabo, celebraría la efemérides con un concierto en el Parque del Humor, del cantante y compositor de rock-pop, David Blanco.
El reloj marcaba las once con diez minutos de la noche y se dejaron escuchar los primeros acordes de la banda. David Blanco salía a escena y desde el principio tocaba el delirio. Sencillo y espontáneo, auténtico y cubano hasta la médula, el autor de discos como “En un solo pie”, “Habanero soy”, “Mueve la pachanga” y “El despechao”, puso a bailar a todo el auditorio durante dos horas de concierto.
Una gorra con la bandera cubana, pullover negro y jeans, formaban parte del estilo propio de David. La plataforma del parque se hizo pequeña para la grandeza de espíritu que desbordó el artista. Sudaba copiosamente, pero no dejaba de cantar. Una y otra vez sus manos se movían al infinito y el público con él. Virtuosismo, rigor escénico y entrega total a un pueblo que coreaba sus canciones, con alegría y devoción, fueron parte del concierto.
Instrumentos como la trompeta, el piano, la guitarra y la batería, fueron tocados por David Blanco, cual si los dioses de la mitología griega le acompañaran, bajo el cielo en la ciudad de la risa. Cantó sin cesar una y otra vez en esta fiesta de pueblo, que fue ovacionada minuto a minuto junto a la adrenalina que nunca faltó, para hacer empatía con el público.
Locura, delirio, pasión y entrega por la música y las letras que cantaba, hicieron de esta noche un regalo para San Antonio de los Baños. Gritos de “David, David, David”, se dejaron escuchar repetidas veces y la juventud coreaba las canciones al ritmo de su autor.
Termino de cantar y la gente quería más. Dos horas no fueron suficientes para repartir amor. La onda de David fue más allá de un pasaje bíblico. Fue, sin dudas, una expresión de júbilo y placer bajo las estrellas de mi ciudad.

