Elegante y sobria al vestir, delgada e inteligente y con la modestia como escudo trabaja para crear maravillas con sus manos.
Retratos de Natasha, Andrea y a su nieta Rebeca delinean los rostros femeninos, echando a volar la imaginación de quienes aprecian el trabajo de Neva, artesana de cuerpo y alma que inició su labor en la Casa de la Cultura del municipio capitalino de Plaza de la Revolución.
Con sus 71 años y un rostro sonriente que denota alegría y seriedad al mismo tiempo a la hora de crear, Neva cautiva a todos con sus refinadas maneras, presentes en obras suyas bautizadas con sugerentes nombres como Hojas de Otoño, Cocoteros y Encuentro.
Los colores, perfectamente combinados reflejan la personalidad de esta abuela cultivadora de las artes manuales, que sabe cómo y cuándo colocar retazos, lentejuelas e hilos de los más diversos matices.
Ella con su dulzura transmite delicadeza y un sosiego casi único que como poderoso imán atrae a quienes les rodean, pero su mirada humilde y tranquila cual cielo despejado, acompaña las manos de musa, que sólo descansan cuando el sol se pone en el occidente.
Así es Neva, toda sencillez que exige pasar desapercibida, aunque sus creaciones revelen un sello distintivo, digno de ser admirado.