Eterno desde su fructífera vida, Ernesto Lecuona representa para la cultura uno de los más prestigiosos músicos y compositores cubanos.
Se calcula que compuso cerca de 600 piezas musicales, entre las que se destacan algunas que alcanzaron notable popularidad tales como “Siboney”, “María La O”, “Damisela encantadora”, “Rosa la China”, “Danza Lucumí” y “La Malagueña.” Igualmente, en la obra pianística de Lecuona sobresalen sus danzas cubanas. Se le considera como el iniciador de lo que en la actualidad se conoce como música afrocubana.
Fue un niño prodigio. Dio su primer recital a los 5 años, y a los 13 realizó su primera composición. Estudió en el Peyrellade Conservatoire con Antonio Saavedra y el famoso Joaquín Nin. Se graduó en el Conservatorio Nacional de La Habana con una medalla de oro en interpretación de la Comparsa, cuando tenía 16 años. La popularidad de esta danza creada por el maestro da crédito de su ingenio, la pieza obtuvo gran éxito desde el estreno en 1912 y aún se mantiene en la preferencia.
Fuera de Cuba comenzó su carrera en el Aeolian Hall (Nueva York) y continuó sus estudios en Francia con Maurice Ravel. Fue el primero que introdujo la primera orquesta latina en los Estados Unidos. Es considerado el músico cubano más destacado y su obra pianística se compara a la de Manuel de Falla y Ravel.
Junto a Gonzálo Roig y Rodrigo Prats, forma la trilogía más importante de compositores del teatro lírico cubano y en especial de la zarzuela. El aporte más importante de Lecuona al género teatral es la fórmula definitiva de la romanza cubana.
Pensar en Lecuona es reconocerlo justo a través de la sonoridad de los acordes del piano. Ejecutante perfecto, el musicólogo Orlando Martínez expresó: las manos de Lecuona, eran sencillamente garras de león envueltas en seda, fue un pianista de cualidades extraordinarias.
Talentoso compositor, las creaciones de su autoría llevan casi un siglo recorriendo el mundo en la voz de los más destacados intérpretes. El maestro Ernesto Lecuona es un artesano de lujo de la música cubana.
Sus danzas cubanas le propician fama universal en ellas sintetiza el lenguaje nacional que viene gestándose en la literatura pianística cubana de concierto desde el siglo XIX y tiene sus máximos exponentes en Manuel Saumell e Ignacio Cervantes.
Crea sonoridades donde explota los recursos del piano de una forma magistral convierte las danzas en una síntesis de lo que pudiéramos llamar la cultura criolla. El pianista y compositor Frank Fernández, subraya: Yo no conozco ningún otro hecho musical americano que en composiciones para piano tenga tantos valores artísticos y pianísticos. Lecuona en sus danzas logró lo que los genios no siempre logran en algunos momentos de su trabajo: sintetizar en pequeñas grandes obras toda la esencia de la cubanía.
El también autor de conocidos temas como Canto siboney”, “Siempre en mi corazón”, “Tus ojos azules”, “Noche azul” entre otros temas era también un hombre sencillo, modesto y solidario con todo el que necesitara su ayuda. No fue hombre de vida intelectual muy profunda, tenía entre sus pasatiempos el gusto por dominó y el contacto con la naturaleza.
La fecundidad del compositor, lo ubica para muchos, como el más universal entre los creadores cubanos del siglo XX. Constituye para orgullo de los cubanos, el autor con la obra más difundida a nivel internacional.