Crónica para una mujer inmensa

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La mujer inmensa desde la cuna hasta el recinto que guarda sus restos, cumple tres años de haber partido. Lo hizo con la voluntad de crecer, aún en las peores circunstancias de la vida. ¡Qué ingratitud la del destino! Nos dejó cuando más la necesitábamos.

Amiga, compañera, hermana. Inmensa por su voluntad de vivir, sus deseos de estampar en blanco y negro la mejor crónica, el preciso reportaje, la información oportuna, el comentario valiente o la entrevista esclarecedora.

Tres años han transcurrido y aún siento en mis oídos el tic tac de la vieja máquina de escribir, la visualizo sentada en el sillón de ruedas, en la esquina de la sala, el lugarcito escogido para sentirse acompañada entre libros, apuntes y cifras. Siempre preparando el guión de un programa o redactando un seriado histórico de la localidad.

Crónica para una mujer inmensa, es el título que se me ocurrió para escribirle y traerla al presente. Sonrisa de ángel, cabellos cortos, mirada serena, fuerza en la palabra y amor por la obra realizada, fueron atributos que le marcaron en su paso por la vida.

Radio Ariguanabo, fue su casa. Aquí curtió la estirpe de periodista, la grandeza de federada, la vocación de saber decir la verdad con sentimiento y entereza. Aquí, en los pasillos que hoy extrañan sus pasos,  se le vio llegar llena de sueños, optimista y rebosante de juventud. Yo no pensaba siquiera tomar el camino del periodismo cuando ella era una consagrada. Grabadora en mano, hacía del testimonio una primicia y con la verdad a cuestas, la palabra era su mejor escudo para los incapaces.

Muchas veces la tuve a mi lado y aprendí de su serenidad, su nobleza, su talento multiplicado en cada hombre o mujer que le saludaba en la calle. Junto a ella, compartí el más duro ciclón, la soñada medalla en el pecho de un maratonista, la actuación del trovador y el jonrón oportuno del mejor de los peloteros.  Sencillez, amor, rudeza en el corazón, por las incongruencias de la vida, le hicieron ser fuerte, pero sin perder la docilidad que trajo desde la cuna.

El fatal episodio de su deceso, regresa a mis pupilas como empujado por una imagen que no quiero revivir. Se nos fue para siempre la periodista del futuro, la madre ejemplar que supo de sacrificios para levantar al pequeño y hacerlo un hombre de bien, sin importar las circunstancias en que lo hacía.

Así eras y así te siento. Elisa Franchi Alfaro Viera. Inmensa estatura de mujer guerrillera, dueña de la pluma que criticó sin miedo y con orgullo.

¡Gracias por el legado que nos regalaste!. Descansa en paz en el remanso de los inmortales. La loza fría que guarda tu escultura de mujer, se achica ante la inmensidad de tus pupilas, cerradas para el mundo, pero abiertas para los que como yo, te agradecemos y miramos, porque en usted, siempre habrá una lección que aprender.


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