El 20 de agosto comenzó el paro de los albañiles en La Habana, quienes reclamaban mejoras salariales y jornada laboral de 8 horas. La huelga de los albañiles se extendió rápidamente. Junto a los trabajadores del centro de la capital participaron en el Movimiento los de Marianao, Jesús del Monte, Guanabacoa y Víbora.
Fueron muchos los edificios en construcción y las obras de reparación que quedaron paralizados. La reacción gubernamental no se hizo esperar. Un terrible desconcierto invadió las calles de la capital, la policía la emprendió violentamente contra los huelguistas y se llevó a golpes y a empellones a sus principales dirigentes.
La represión de las autoridades de ocupación y la traición de los principales dirigentes determinó la culminación de la huelga general de 1899 sin que el movimiento obrero obtuviera todas sus demandas, sin embargo, ante la fuerza de la misma, la patronal hizo algunas concesiones y a los albañiles, por ejemplo, se les redujo la jornada de 8 horas de trabajo.
Este hecho demostró que los trabajadores de nuestra Isla mantenían su dignidad y sin miedo lucharían hasta el fin por sus derechos.

