Olímpicos entre risas

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Gregorio Fiallo participante en Juegos Olímpicos narra sus vivencias en la cita deportiva de México 68Gregorio Fiallo participante en Juegos Olímpicos narra sus vivencias en la cita deportiva de México 68Esta vez no fue Londres el escenario de acción. No hubo disparos al platillo en el skeet, ni brazadas en los carriles de la piscina olímpica, tampoco se pedaleó desde una bicicleta en el velódromo. Esta vez los olímpicos de San Antonio de los Baños intercambiaron sus vivencias entre risas y anécdotas, desde el patio del Museo Internacional del Humor.

No podía de ser de otra manera. Tanta gloria repartida en tan breve espacio, bañó de orgullo a los presentes.

Gregorio Fiallo nos regresó en el tiempo, allí donde sus primeras brazadas salpicaban sus sueños de infante en el Río Ariguanabo para llevarlo hasta México 1968. Nadó entonces entre los grandes y trajo a la patria de Eduardo Abela y René de la Nuez, la música de los músculos con un anillo olímpico. Era apenas un jovenzuelo que vivía las emociones olímpicas a fuerza de sacrificio y amor. Solo una trusa y los deseos de vencer, le acompañaron en el empeño y nos legó su historia. Hoy peina canas, está pasadito de libras, pero volvió a nadar con le emoción en sus pupilas y el orgullo de ser oriundo de la palma, el monte y la yagruma.

 El imaginario disparo rompió el platillo y Servilio Torres acompañó a su hijo Alfredo en un recorrido feliz por los Juegos Olímpicos de Munich 1972. Allí afinó la puntería y estuvo entre los grandes. Su mejor medalla, Alfredo, también volvió por Moscú 1980, Barcelona 1992, Atlanta 1996, Sydney 2000, Atenas 2004 y Londres 2012. Esfuerzo, sacrificio, horas robadas al descanso, espacio para rellenar un cartucho y tantos momentos duros en el deporte que hicieron erizar la piel de los que escuchábamos con atención, marcaron la emotividad de este coloquio.

 El ciclismo nos legó a un estratega, un amigo de la justeza deportiva en un velódromo o carretera olímpica. Hoy habla con orgullo de sus logros y resultados, también los del ciclismo cubano. Yohanka González, Arnold Alcolea, Merlies Mejías y Lisandra Guerra, le han acompañado en su duro bregar por los escenarios deportivos entre bielas, pedales y sillines de una bicicleta. Ese es Pedro Frías, Comisario de la Unión Ciclística Internacional. Un caballero del deporte, un guerrero de las leyes dentro de una justa atlética, digno representante de la cantera de árbitros cubanos que han prestigiado nuestro deporte.

 No por último deja de ser importante. Viste traje deportivo y no es atleta. Siente junto a ellos el rigor del entrenamiento y en el juego perfecto de la didáctica que surge entre el cuerpo y la mente, juega un primordial papel protagónico. Londres fue su prueba de fuego. Es joven y además psicólogo. Se llama Julio Arturo Ordoqui Baldriche y también es de oro para él la medalla que brilló en el pecho de Robeisis Ramírez y Rosniel Iglesias. Así, con sencillez y excelente expresión de ariguanabense auténtico, la satisfacción de Julio tocó sus pupilas y emocionó a todos con sus vivencias en Londres desde el encerado del ring de boxeo.

 Así fue este coloquio. Enriquecedor, elocuente, anecdótico y necesario. ¡Gracias, olímpicos ariguanabenses! Ustedes son nuestros héroes, con medallas o sin ellas, pero héroes de la dignidad, el amor y los principios del deporte limpio, sano y formador de valores éticos y morales. Vendrán otros Juegos Olímpicos y volveremos a soñar en grande con sus actuaciones. Ténganlo por seguro. Al menos para mí fue una mañana de gloria desde Londres hasta el Museo Internacional del Humor con los olímpicos y la risa que sana y aquilata.




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