La vida comienza

La pertinaz lluvia aún no termina y el agua se escurre de los aleros de las casas todas, algunas de rojas tejas y estilo colonial, las corrientes del agua caída se deslizan Calle Ancha abajo en busca del cauce que atravesará la tierra y pasará a otros límites de la profundidad en San Antonio de los Baños.

Los primeros transeúntes, apenas con el aguacerito ya salen a las calles, unos presurosos regresan a la diaria faena y en casa les aguarda el calor esmerado, siempre familiar. En el barrio se siente el martilleo de alguien que ajusta clavos y madera, se sienten pregones de todo tipo en el mismo fervor callejero y la vida siempre comienza.

En casa la niña aprieta el pecho de la madre en busca del necesario alimento, un perro ladra en el portón, olvidado por su dueño y el amor crece en cálidas aves, la gente, los más viejos, los jóvenes con toda la intensidad de la tarde. La vida comienza en cada segundo de luz y las ilusiones vuelan, se vuelven risa sucre y esperanzadora para el caminante.

El viejo reloj del alto campanario de la iglesia quedó detenido en el tiempo, de pronto, echó a andar, justo en el momento para marcar de nuevo las medias y las horas extras en el acostumbrado sonar para decir en un lenguaje único a la gente que se quiere, como un soplo mágico, que la vida, otra vez acaba de comenzar y en todo este trajín de mi pueblo, las horas pasan, la gente sueña porque siempre detrás del oscuro manto de la noche, amanece y siempre, siempre, otra vez, la vida comienza.


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