Amanda cumplió los quince abriles y una sonrisa eterna se estampó en el rostro y es que a pesar de su discapacidad, ella es feliz.
La perseverancia y fortaleza de su espíritu caracterizan a esta adolescente, que se comunica con señas pues no puede hablar, sin embargo, no es difícil entenderla, se las ingenia para atraer a todos.
Desde muy pequeña los padres, con gran amor y la esperanza de lograr una evolución favorable en ella la estimularon, con la ayuda de los especialistas, para que pudiera andar sola y lo logró. Muchas veces rehusó al auxilio para levantarse cuando caía al piso, y siempre estuvo segura de que podía hacerlo sin ayuda de mamá o papá.
Sus quince primaveras fueron un hermoso día que disfrutó plenamente, junto a sus familiares más cercanos y amigos. Fue la dueña de la fiesta y a pesar de las furtivas lágrimas, la alegría gobernó la celebración, gracias al empeño de Amanda.
Tiempos difíciles ha vivido esta adolescente, a quien la naturaleza dotó de una extraordinaria simpatía que todos sienten con sólo verla.
Admiro su espíritu fuerte y guerrero, pues ha sorteado los propósitos del destino con entereza y una alegría que muchos anhelan. Ella merece todo el amor del Universo.

