Conrado Benítez
Conrado Benítez era maestro en la montaña, de corazón libre como el viento y anchas alas que levantaban vuelo cada mañana repartiendo el pan de la enseñanza. Conrado era maestro voluntario, rebelde espiga, ¡qué firme allí su escuela! llena de lirios, entre rosa y violenta que perfumaban el jardín sencillo de una escuela, donde los niños campesinos amaban los libros y las primeras letras.
A Conrado le gustaba la guitarra y se perdía entre nota y nota en acordes breves y profundos con su alma de maestro voluntario. Conversar sin prisa, de bohío en bohío, con la palabra retadora, su carácter jovial y su voz, la más fuerte. Qué decir del recuerdo que dejó entre los que le conocimos y en este pueblo que no olvida como viles asesinos a sueldo del imperio apagaron su vida para siempre.
Después vinieron muchos como él a traer luz a las montañas y a barrer la ignorancia cuando Cuba fue proclamada libre de analfabetismo, le devolvió la vida en victoria, a Conrado Benítez.

