El hombre del carretón

Es una imagen cotidiana, carretón en mano el señor recorre arriba y abajo nuestras calles, se le ve afanoso, es un anciano que abre alas a la vida cada mañana y tarde, en las propias costumbres del poblado. Es bajito, de ochenta y dos años, cubre su cabeza con una gorra y de camisa y pantalón, se le ve a diario.

Es sencillo, humilde y habla  poco. Sus pensamientos en su semblante van escritos, no en tinta de academia, sino en su propia sangre. Lo he visto antes, lo veo siempre, él y su carretón en mano, sin darme tiempo a que copiara sus rasgos.

Por cada hogar, deja huellas de un camino infinito de ganas de vivir con honradez, quien siempre es honrado. A veces reparte coplas en décimas a los clientes de la bodega “La casita”.

A este hombre simple la gente le quiere, con disimulo esconde el ligero temblor de sus manos, no se concibe sin un apoyo, como la luz de estrella que ilumina, busca su sostén , el carretón entonces como si saliera de un pozo sus anchas ansias les robó a la vida.


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