Lectura de tabaquería, reconocimiento a una tradición

Lector de tabaqueríaLector de tabaquería La historia desde el surgimiento de la Villa recoge el apego de los ciudadanos a la tierra, los hombres y mujeres la han amasado, en la siembra del cultivo del tabaco para hacerla producir y luego en el tratamiento de la hoja para que de ella salga el puro habano de gran prestigio en el mundo. Según estudios, la práctica de las lecturas de tabaquería data del 1 de marzo de 1866, en San Antonio de los Baños.

El cultivo del tabaco se ha acompañado de las lecturas de tabaquería, arraigada tradición con siglo y medio de existencia en la Isla, recientemente declaradas como Patrimonio Cultural de la Nación. El Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, en la declaración avaló la condición patrimonial de una de las prácticas más singulares de los obreros de la industria del tabaco en Cuba.

La tradición comenzó a fomentarse hacia 1865 en la fábrica El Fígaro, por iniciativa de un joven asturiano, escritor y tabaquero, Saturnino Martínez.

Muy pronto se extendió el ejercicio de la lectura en las fábricas y despalillos del país y en varios asentamientos de la migración cubana, así lo recordó Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, al hablar en el acto, quien resaltó que precisamente entre los tabaqueros también se gestó el patriotismo a través los discursos de Martí que fueron leídos en voz alta en las tabaquerías de Tampa y Cayo Hueso a los obreros que vivían exiliados en esas ciudades norteamericanas.

La Unesco en su lista de Patrimonio Intangible, por su originalidad y porque ha salvaguardado un tesoro de la memoria viva de una colectividad reconoció esta práctica y es que con la lectura y a través de ella los hombres y mujeres sin dejar de laborar se apropian de conocimientos. En no pocos casos se parte de la prensa, la actualidad nacional y extranjera y además se complementa a partir de los intereses del colectivo y teniendo en cuenta la gran variedad de géneros literarios.

Los lectores ilustran con obras de José Martí, Dulce María Loinaz, Nicolás Guillén, Emilio Zola, Víctor Hugo, Balzac, Cervantes, Carlos Lobeira, Alejandro Dumas, Shakespeare. La gama de autores célebres, extranjeros o cubanos es amplia, rica en calidad y variada en temas. Condicionantes  porque no, del florecimiento de las marcas de habanos  con nombres como Romeo y Julieta y Montecristo.
Esta lectura, es una práctica educativa que a lo largo de su existencia en Cuba, no tiene análogos en otras partes del mundo, excepto en aquellos lugares donde la llevaron los propios tabaqueros emigrados.

La lectura logró el reconocimiento social y laboral que desde su creación se había buscado. Actualmente, existe el programa de la lectura para la promoción del acto de leer en todas las esferas de la vida social sin distinción de público. En especial el lector de tabaquería es un comunicador.

La lectura de tabaquerías es un acto muy singular dentro de la actividad económica, la permanencia de ella en estos centros le permitió ganarse un lugar en la idiosincrasia nacional por el apoyo incondicional a las causas de la libertad, así como para compartir conocimientos y alimentar la sabiduría en uno de los sectores económicos más importantes de la nación cubana: los tabaqueros. La lectura no solo entretiene sino que garantiza el aumento en la producción, y contribuye a elevar el  nivel intelectual de los trabajadores.

Al llegar a estos centros reconocemos las características de los que desempeñan este oficio. Dotado de instrucción, tener voz clara y pronunciación correcta, el lector requiere, de  una serie de aptitudes para realizar su actividad y, ante todo, debe ser capaz de asimilar la esencia del mensaje que se dispone a leer y transmitirlo de manera enfática, para mediar entre la fuente primaria de información y sus oyentes. Hábil y con fluidez en la lectura, tono y cadencia, lo cual le permite mantener la atención y conducirlos por los campos del saber.
La figura del lector de tabaquería es un componente importante en la consolidación de la clase obrera cubana y de la promoción de la cultura nacional.

Gracias a la lectura entra en el alma de los tabaqueros el conocimiento, hacen de ella el condimento espiritual para que la palabra y el tabaco se complementen en el rutinario misterio de la existencia y salga ese producto que nos distingue en el mundo porque lleva en sí el amor de muchos hombres y mujeres de la Nación.

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