Una escuela está siempre ahí, es un lugar prodigioso, hasta en el verde césped y sobre las piedras del Bosque Martiano, con las doctrinas del maestro, para en el verde espesor de la ternura, forjar y ver crecer la dicha de los niños frente a un futuro nuevo. Los que enseñan y educan, en libros, aulas y materiales libres al viento, llenan con luz la aurora, el alma siempre en conocimientos nuevos.
Cada educador tiene su trono en una nube, con cierto olor a rosas y ponen en el aire, llenan el aula de una obra hecha a besos, besos de ternura, entrega y pasión de cada día, para ver crecer lo nuevo.
Ágiles como alas, nacen los valores eternos en los niños y niñas, entonces pone su vida el maestro, en obra y amor, sobre la rama de un jazmín, con el corazón en fuego.