Las Pascuas Sangrientas, son una de las tristes páginas de nuestra historia.
Luego del desembarco del Yate Granma, en diciembre de 1956 se sucedieron en Cuba una serie de crímenes contra los enemigos de Fulgencio Batista.
Estos crímenes se les conocen como “Pascuas Sangrientas”, hechos que al estar enmarcados en las festividades de Pascuas fueron bautizados con este nombre.
Durante ese hecho fueron asesinados 23 jóvenes revolucionarios.
En una reunión efectuada en el Estado Mayor del Ejército en el campamento militar de Columbia, se planeó la posibilidad de que se produjera un desembarco en la zona bajo la jurisdicción en la provincia de Holguín y se le dio carta blanca para que evitara la ocurrencia allí de acciones de apoyo similares al alzamiento ocurrido el 30 de noviembre de ese año en Santiago de Cuba.
La operación, mal llamada “Regalo de Navidad”, seria liquidar a cada uno de los revolucionarios, sin apenas detenerlos, la orden era a partir de las 12:00 am del 24 de diciembre y concluir antes del amanecer o extenderse hasta el 26 en caso de no culminar en ese lapso de tiempo.
La operación iniciada, culminó el 26, cegándoles la vida a 23 revolucionarios de las provincias de Holguín y las Tunas. Muchos de ellos fueron arrancados de sus hogares, salvajemente torturados y sus cadáveres abandonados en carreteras, en el campo, debajo de un puente, colgados de un árbol, escenas que conmocionaron al pueblo. Solo cometieron el delito de oponerse a la dictadura batistiana.
Sus cuerpos sin vida aparecieron salvajemente torturados, ahorcados o baleados, con el deliberado propósito de sembrar el terror y apagar la llama insurrecta que ya ardía en la Sierra Maestra.
También perdió la vida el joven Rafael Orejón Forment, Jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en Nícaro.
El crimen fue un duro golpe para el movimiento revolucionario pues sus principales líderes y otros destacados miembros fueron asesinados. El movimiento clandestino de nuevo se organizó en el territorio.
La sangre de los mártires de las "Pascuas Sangrientas" no se derramó en vano. El terror no detuvo la firme decisión de lucha del pueblo, ni el desarrollo impetuoso del Ejército Rebelde para lograr más tarde el derrocamiento de la tiranía.