El Cristo de la HabanaEn Cuba, a cualquier individuo, que esté en las cercanías del puerto capitalino, le resultará imposible no percatarse del Cristo de La Habana además de percibir el característico olor a mar. La escultura, majestuosa y colosal se encuentra a la entrada del puerto, a la izquierda y a unos 50 metros sobre el nivel del mar, entre la antigua fortaleza de San Carlos de la Cabaña y el pueblo de Casa Blanca.
Es símbolo además, de la ciudad y se impone por sus dimensiones. Es considerada la mayor escultura al aire libre salida de las manos de una mujer.
La autora, Lilia Jilma Madera Valiente (San Cristóbal, Pinar del Río, 17 de septiembre de 1915-La Habana, 21 de febrero de 2000) expresó: «Seguí mis principios y traté de lograr una estatua llena de vigor y firmeza humana. Al rostro le imprimí serenidad y entereza como para dar alguien que tiene la certidumbre de sus ideas; no lo vi como un angelito entre nubes, sino con los pies firmes en la tierra».
Tiene similares en Río de Janeiro, Brasil; Lubango, Angola, y Lisboa, Portugal, pero nuestro Cristo no tiene los brazos extendidos, la autora prefirió por la ubicación del monumento que recibiera al visitante con la fuerza de la mirada, y con la mano en el corazón.
Trabajada en mármol de Carrara, Italia, la obra está compuesta por 67 partes y pesa 320 toneladas. Además, mientras se esculpía fue bendecida por el Papa Pío XII.
Jorge del Valle González, investigador de la Unión de Historiadores, define a esta escultora como una mujer enamorada de la vida, quien el día de la inauguración del Cristo, el 25 de diciembre de 1958 dijo: "Lo hice para que lo recuerden, no para que lo adoren: es mármol".
Aunque el monumento tardó unos dos años en completarse, fue montado en pocos días a finales de 1958 en una colina que enmarca la Bahía de La Habana, por lo que a simple vista parece mucho más alto de lo que es en realidad.
Altivo, desafiante, la figura del Nazareno de pie, con una mano en el pecho y la otra en alto, permanece el eterno guardián mirando hacia la ciudad, como si bendijera a los moradores.
También de Jilma Madera es el busto de Martí, ubicado en el Pico Turquino. Sus trabajos convencen, además de por la suave elegancia y la estilización casi perfecta de las figuras, porque ella supo implantar un estilo propio, inconfundible, y eso quizá se deba a que no solo no desestimó, sino que jamás abandonó la experimentación.
Actualmente a sus pies se encuentra un parque que mira a la bahía y a la ciudad, un sitio de esparcimiento y también una atracción turística. Cerca de él o lejano desde varios puntos de la ciudad—, infinidad de personas, cubanos y extranjeros, creyentes y no creyentes, admiran a una de las piezas más importantes del extenso y variado repertorio escultórico-monumental cubano, con más de medio siglo de existencia.