Alejo Carpentier
Alejo Carpentier nos pertenece y con legítimo orgullo reconocemos la trascendencia del autor en la cultura universal por la extraordinaria obra literaria y periodística que mantiene vitalidad y nos impone cultivarnos a través del mensaje de su prolífera producción. Alejo Carpentier y Valmont nació el 26 de diciembre de 1904 y murió el 24 de abril de 1980, fue un novelista y narrador cubano que influyó notablemente en la literatura latinoamericana durante su período de auge.
La crítica lo considera uno de los escritores fundamentales del siglo XX en lengua castellana, y uno de los artífices de la renovación literaria latinoamericana, en particular a través de un estilo que incorpora varias dimensiones y aspectos de la imaginación para recrear la realidad, elementos que contribuyeron a su formación y uso de lo «Real Maravilloso».
Ejerció las profesiones de periodista, durante gran parte de su vida; y musicólogo, con investigaciones musicales y organizaciones de conciertos, entre otras actividades; sin embargo, alcanzó la fama debido a su actividad literaria.
Partió de la naturaleza caribeña y sus hombres en el quehacer histórico, luego dio paso a la original concepción de lo real maravilloso de nuestras tierras americanas, hasta colocar la narrativa en la actual vanguardia del tiempo.
La obra de Alejo Carpentier es rica, profunda y paradigmática por la fuerza conceptual que la penetra y por los valores artístico-literarios que encierra y despliega. El autor supo revelar al hombre en su múltiple realidad contextual, incluyendo el mundo espiritual y sus posibilidades de realización.
Con excelsa maestría capta la personalidad humana en sus diversas mediaciones y condicionamientos, en la naturaleza individual y social. Se trata de un discurso de hondo miraje fundado en una vasta cultura humanista, que capta la realidad, siempre en relación con el hombre o mediada por él.
Por eso su obra literaria, tanto narrativa como ensayística, deviene momento central de la trama histórico-cultural en que se encarna toda la creación carpenteriana lo cual le imprime universalidad a lo que perceptiblemente parece cotidiano.
El escritor cubano sorprende por el empleo y uso del lenguaje. La profusa cultura, unido al estilo barroco expresivo y al americanismo, exige de mayor agudeza al lector para que disfrute de la maestría del autor. La prosa de Carpentier muestra el apego al barroquismo, no hace alarde de erudición. Es el ejercicio del narrador acucioso que exige seguir la lógica y el sentido mismo del objeto que narra y describe. Por eso cada relato, inmerso en tiempo, espacio, circunstancia y en función del tema central, y los accidentes secundarios, no soslaya el entorno con su gama de señales naturales y de claves y signos engendrados por el hombre. Todo sobre una base creadora, subjetiva -no subjetivista- pletórica de imaginación. La arquitectura, la música, el cine, y los diversos temas de la realidad americana y universal fueron recreados por el autor con gran dominio.
Exige el reconocimiento universal de nuestros pueblos, avalado en su concepción de la historia y la cultura como ser esencial humano. Mucho tienen que andar nuestros pueblos en busca del reconocimiento y en lucha perenne contra la sociedad deshumanizada y esclavizadora de nuestros días.