Esa vez jugaron La Habana y Matanzas, y según la prensa de la época, los citadinos vencieron por amplio margen de 51 corridas a 9. Era el inicio de una leyenda viva dentro de la isla de Cuba. Decir béisbol en el verde caimán es sinónimo de independencia, identidad, apego a las raíces, cultura que se mezcla con el son, la guaracha y el guaguancó.
No puede hablarse del pasatiempo nacional cubano sin mencionar a estrellas de la talla de José de la Caridad Méndez, Martin Dihigo, Miguel Ángel González, Fermín Guerra, Conrado Marrero o Julio Moreno, iniciadores de un camino de prestigio. Equipos como Almendares, Cienfuegos, Marianao, Habana, Artesanos, Vedado Tenis o el Club Santiago de las Vegas, se recuerdan por su entrega, rivalidad y amor a la camiseta que defendían en las respectivas ligas de la época.
Lo bueno no pasa y la pelota en Cuba es pasión, alegría, desvelo y sentimientos compartidos. Es el rostro de una nación que respira cuando disfruta el juego y toca el delirio con los jonrones y ponches de los atletas de preferencia. A 138 años del primer encuentro, es episodio obligado beber la historia del equipo más grande de las series criollas, los Industriales, defensores del color azul, exponentes de la mayor cantera a las selecciones nacionales y ganadores de doce títulos en el clásico del patio.
Antonio Muñoz Hernández ¨El Gigante del Escambray ¨Agustín Marquetti, Pedro Medina, Santiago Mederos, Lázaro Valle, Rodolfo Puente, Rey Vicente Anglada, Germán Águila, Pedro Chávez, Germán Mesa y Juan Padilla, engrosan la lista de renombrados hombres, que en su momento enarbolaron el estandarte tricolor en eventos internacionales. Válido también traer al presente a glorias como Braudilio Vinnent, Rogelio García, Miguel Cuevas, Urbano González, Aquino Abreu, Wilfredo y Fernando Sánchez, Félix Isasi y Juan Castro.Lo bueno no pasa, como tampoco pasará al olvido la imagen de los memorables jonrones de Agustín Marquetti y Antonio Muñoz en Campeonatos Mundiales. Así sucede con el Juego Perfecto de Lázaro Valle en una Copa Intercontinental, los tres cuadrangulares de Omar Linares en las Olimpiadas de Atlanta y el subtítulo en el Primer Clásico Mundial celebrado en el año 2006.
Hoy la pelota cubana reclama cambios sustanciales para recuperar el terreno perdido. Se trabaja por elevar el nivel, pero todavía no se logra lo esperado. No podemos estar de espaldas a la realidad. Enfrentarla es deber de quienes rigen los destinos de nuestro béisbol.
Los cantos de sirenas del poderoso capital nos han hecho perder a muchas figuras, algunas han triunfado y brillan con luz propia, otras quedaron en el camino y con deseos de hacer historia. Mencionarlos haría larga la lista, pero se recogen nombres como los de Orlando Hernández, José Ariel Contreras, Alexei Ramírez y Yunieski Betancourt, que honran el béisbol de nuestra isla en la llamada Gran Carpa de Estados Unidos.
Lo bueno no pasa y luego de una centuria, nos preparamos para el III Clásico Mundial, esperanzados en una buena actuación y confiados en la calidad de hombres como Yadier Pedroso, Frederich Cepeda o Yulieski Gourriel. Esperemos que el tiempo nos dé la razón, para seguir amando al béisbol como a nuestra patria.