Para Marisol Llánez, volver al aula, es como si volviera a la vida. Soñó mucho con la jubilación, se sentía cansada, con deseos de estar todo el tiempo en casa. Le gustan las labores hogareñas, pero sus 34 años frente al aula, entre los niños de su clase, enseñarle, desde como tomar el lápiz, las primeras letras, la lectura y escritura, en ese ciclo de primero a cuarto grado, en la escuela primaria José Martí, le llenó la vida.
Una mañana vio brillar un soberano árbol de luz en flor y se dio cuenta que estaba como una nave perdida en el mar brumoso, y en su imaginación, en usa ramas posó, como se posa un viejo colibrí, sobre la rama de un jazmín en rosa.
Voló a su escuela, a su aula, se sentía que le hacía tanta falta, pensó en el valor, en la nostalgia y en la lluvia, y se llenó de fuego del alma de maestra y echó a un lado el corazón enfermo y se posó, como se posa un viejo colibrí sobre la rama de un jazmín en rosa.