Juan Gualberto Gómez, un gran cubano y periodistaNo podría escribirse la historia de Cuba sin poner en alto la labor de Juan Gualberto Gómez, destacado independentista y periodista, quien usó el arte de las palabras con inteligencia y talento como arma contra la opresión a la que estaba sometida su patria y en defensa de los hombres de su condición.Nacido de esclavos en Sabanilla del Encomendador, Matanzas, el 12 de julio de 1854, los padres de Juan Gualberto compraron su libertad antes de nacer él, gracias a la generosidad de su dueña doña Catalina Gómez.
En 1868, otra vez ayudados por doña Catalina, sus progenitores lo enviaron a formarse en Francia. Se estableció en París, donde estudiaba por las noches el idioma de aquella nación, y matriculó una Ingeniería. Dominó el francés y español, comenzó a trabajar como periodista. En la década de 1870 viajó por México y el Caribe. Regresó a la Isla tras el Pacto del Zanjón en 1878.
De vuelta en su tierra natal, Juan Gualberto se dedicó al periodismo liberal y abolicionista, colaborando con Márquez Sterling. En 1880, antes de su primer destierro, fundó y dirigió el periódico La Fraternidad, además de La Igualdad y La República Cubana, labor por la cual fue deportado a Ceuta.
La Fraternidad constituyó una trinchera ideológica desde la cual se enfrentó a la esclavitud, la discriminación racial y el colonialismo. Compartió esta labor en la prensa con tareas conspirativas relacionadas con la organización de la Guerra Chiquita, que lo vinculara estrechamente a Martí.
De Ceuta pasa a Madrid, donde vivió entre 1880 y 1890, tiempo durante el cual se dedicó a fustigar la dominación del hombre por el hombre y todo tipo de opresión desde las páginas de El Abolicionista y La Tribuna. En estas publicaciones puso de manifiesto su brillantez como escritor y periodista, cualidades reconocidas por prestigiosos colegas españoles de la época.
Cuando retornó a Cuba, en 1890, hizo circular nuevamente a La Fraternidad, con el objetivo de divulgar el ideario separatista que, sostenía, no podía impedirse legalmente. Desde aquí atacó el fanatismo político, argumentó sobre la incapacidad de España de mantener a la Mayor de las Antillas como su colonia, luchó por la igualdad de derechos de negros y blancos, se enfrentó al Autonomismo y a la labor anticubana del diario La Marina.
Este quehacer le ganó el respeto y la admiración del Maestro y de Maceo. Artículos como ¿Por qué somos separatistas?, ¡A la cárcel!, y La política de la cobardía, entre otros, propiciaron que lo acusaran en los primeros años de los '90 ante los tribunales y le abrieran numerosos expedientes políticos.
Para el mulato intelectual, toda esa acción periodística significaba tan sólo un paso previo del trabajo revolucionario y por esa vía quería despertar en el país el sentimiento separatista, además de crear condiciones para el reagrupamiento de los grupos de independentistas. Tanto el Apóstol como el Titán de Bronce reconocían el desempeño de Juan Gualberto en la prensa y consideraban la tarea de educación patriótica y social que se hacía en La Fraternidad parte insoslayable de la preparación de la guerra necesaria del '95.
Al inicio de esta gesta, el mulato revolucionario sufrió otra vez cárcel y destierro. Desatado de sus cadenas, regresa a Cuba en 1901 y asume una participación activa en la Asamblea Constituyente. Desde ese escenario defiende la independencia de la Isla de la influencia de anexionistas cubanos y extranjeros, y se opone a la Enmienda Platt. El gran estadista continuó sus servicios a la patria como Senador de la República, cargo en el que se mantuvo hasta su deceso el 5 de marzo de 1933, a los 80 años.
Como escritor, Juan Gualberto Gómez afianzó un estilo único, preciso, ameno y didáctico. También incursionó en la crítica literaria y en la traducción al español de algunas obras francesas. Poco se le aprecia y conoce como poeta.
Quienes le conocieron decían de él que era un hombre de vasta cultura, excelente orador, de verbo fácil y atrayente. Puso la fuerza de sus palabras a favor de la Patria, mediante una fecunda labor periodística que no cesó sino con su muerte.
Su importante labor en la lucha por la independencia de Cuba, junto a la destacada trayectoria como hombre de letras y revolucionario suscitan hasta hoy la admiración y el recuerdo de sus coterráneos. Tal como él mismo expresara fue "ante todo y antes que otra cosa, un cubano que nunca dejó de serlo".
Aquel hijo de esclavos había conquistado un sitio venerable en el altar de la patria. En su honor, la Unión de Periodistas de Cuba instituyó el premio anual que lleva su nombre.