Amigo de la jarana, el halago de una mujer hermosa, el estudio de la arquitectura y la hidalguía para decir la verdad en el momento oportuno ante los esbirros de la tiranía, marcaron su paso por la vida.
El deporte no le fue ajeno. Pateaba balones de fútbol y lo hacía con elegancia. Nadaba con estilo propio y sus brazadas aloquecían a la afición, porque sus tiempos asombraban en todos los estilos. Sabía encestar balones desde la corta y larga distancia con certeza y precisión, tenía habilidades para hacer fintas en la cancha y penetrar hacia el tablero. También fue remero, deporte en que puso de manifiesto su fortaleza física y técnica para remar. De mucho le sirvió el ejercicio, como también la forma de aglutinar ideas que le ayudaron a unir a un ejército de jóvenes para una hazaña imperecedera. No alcanzó el objetivo final. Su joven vida quedó trunca por disparos de odio e impudicia. Su estirpe se agiganta hoy en los muros de la universidad, en el tic tac de la emisora que no se detiene en el tiempo, pero lo recuerda siempre.
José Antonio vive en los Juegos Deportivos Caribe y 13 de Marzo. En el muchacho que sueña conectar el mejor jonrón, la joven que deleita con sus movimientos en la gimnasia rítmica, el corredor que emula con Ana Fidelia, Juantorena o Sotomayor en busca de sus mejores tiempos y el futbolista que anida el gol de la victoria con la ovación del respetable.
Ahí está José Antonio Echeverría. Líder, amigo, revolucionario. ¡Gracias por existir! La historia te recuerda y perpetúa cual si estuvieras vivo.