Raúl Roa García, auténtico cubano llevó en sus raíces, la esencia de nuestra cultura: el patriotismo a toda prueba.
Nació en el habanero barrio de la Víbora, el 18 de abril de 1907-abril en Cuba es sinónimo de Patria, dignidad, heroísmo y lealtad entre otras muchas acepciones que dan fe de la voluntad de defender nuestra independencia.
Su padre, Raúl, modesto empleado público, era hijo del teniente coronel mambí Ramón Roa, ayudante de Agramonte en 1868. Desde la infancia acumuló gran aceptación entre sus compañeros de estudio, apasionado a la pelota y lector desenfrenado tuvo entre sus favoritos a Emilio Salgari, Julio Verne, Fenimore Cooper, Daniel de Foe entre otros.
En 1926 entró a la universidad, activo asambleísta, impresionaba el dominio que ejercía sobre la audiencia con la dialéctica de la verdad en sus razonamientos. En estos años de estudios universitarios conoció a Rubén Martínez Villena y a Pablo de la Torriente Brau quienes figuraron entre sus amigos.
Roa fue miembro fundador del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) de 1930. Escribió el manifiesto que circuló en la jornada revolucionaria del 30 de septiembre, de la que fue uno de sus organizadores y protagonistas. Se separó y fundó luego el Ala Izquierda Estudiantil (AIE) de posiciones muy cercanas al primer Partido Comunista. Sufrió cárcel entre 1931 y 1933 y el dictador Gerardo Machado lo internó en el tenebroso Presidio Modelo.
Se graduó en 1935 de doctor en Derecho. En 1944 apareció el primer tomo de su Historia de las Doctrinas Sociales al que sucedieron otros dos títulos que recopilan sus trabajos periodísticos ensayos y polémicas.
Hombre de extraordinaria personalidad sensible a la cultura financió la publicación de importantes libros, subvencionó al ballet de Alicia Alonso, estimuló y echó a andar salones de plática y humorismo.
Se opuso al golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Son de su autoría entre otros, los títulos: “Retorno a la alborada”, La Revolución del 30 se fue a bolina” y Aventuras y desventuras de un mambí”.
La Revolución en el poder tuvo en Raúl Roa a su genuino vocero, le designaron embajador en la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1959. Ejerció la diplomacia con la idoneidad de su concepción sobre la diplomacia revolucionaria. Como ministro de Relaciones Exteriores se ganó el calificativo de Canciller de la Dignidad, sentó escuela en la formación de las siguientes generaciones. En las batallas libradas en el escenario internacional representó la voluntad inquebrantable de todo el pueblo de no ceder jamás un ápice ante el imperialismo.
En las actuales circunstancias en las que se debaten los pueblos e incluso en el propio ejercicio del derecho y la voluntad de los pueblos continúa siendo Raúl Roa García un paradigma de la diplomacia revolucionaria ante el hegemonismo de Estados Unidos.

