Rio Ariguanabo
Miles de palabras se me desbordan desde lo más profundo, desatan el amor, el instinto y el agradecimiento de generaciones que vieran el sol en las orillas en nuestro río Ariguanabo.
Ese torrente de tranquilas aguas ensancha el espíritu y ennoblece el alma ariguanabense. Más de 11 kilómetros, en un hilo plateado que corre de norte a sur, le devuelven esa tibia frescura a un territorio fértil que besa a la tierra madre y da las gracias por la cosecha.
Esa enmarañada vegetación que lo protege, harta conocedora del canto de la bijirita, el tomeguín y la paloma rabiche son el encanto mismo hecho victoria, en igual modo fugaz que no escapó a la inspiración de Quidiello y Boligán, y de tantos otros que plasmaron sus orígenes e imágenes para la posteridad.
Por eso quiero que la gente penetre en el profundo ramaje de sus aguas, acompañado de lo verde y la sensación única del sonido de la chicharra invito a que sea también parte de la vida de mis hijos y mis nietos. Queremos que sea hoy y mañana este, nuestro río.