La niñez, etapa prodigiosa
Etapa de la vida que pasa y luego vuelve: es la niñez. Lejana de serias tensiones le crece el deseo de ser feliz, siempre rodeada de personas que se ocupan de que así sea.
Vida prodigiosa de amor que llega y queda dentro, cual tesoro que te hace volver atrás con beneplácito.
Recuerdos del primer maestro, del niño que regaló una flor, risas espontáneas y contagiosas al jugar a la gallinita ciega, el chucho escondido, el pon, a la rueda y tantos otros…
La espera inquieta cada año, con sueños y fantasías, la época de los juguetes básicos, no básicos y dirigidos y qué felicidad sin importar el que te tocara, ese era tuyo y eso bastaba.
Ahora es tiempo de cuidar detalles para que perdure la inocencia, la ternura infantil. Importante la defensa de valores, necesarios para ser grandes hombres del futuro, sin dejar la sencilla premisa.
Hay deberes y responsabilidades. Respetar espacios, consentir, exigir, ofrecer amor a quienes constituyen faro en cada hogar, semilla que germina como solidez futura son los niños: la candidez personificada.