No estoy autorizada a decir su nombre, pero ante los festejos en Cuba por el Día de los niños, su tierna mirada la tengo presente. Ella no sabía que nacería así, con una enfermedad cromosómica, específicamente en el par 21, el cual se multiplica, se aparea y trae consigo una alteración genética.
Esta pequeña, con Síndrome de Down, roba el cariño de todos. Sorprendió a la madre su fisonomía al nacer, mas creció el amor y así lo recibió desde entonces.
Una visible inteligencia expresa más edad a pesar de sus cinco años. Atrás quedó la comunicación, sólo por señas. La niña habla, expresa sus deseos, poco a poco se vuelve independiente, ese es el propósito de una madre que ofrece todo para que ella sea feliz.
La tierna carita reluce con sus engrandecidos ojos, ellos indagan con miradas espontáneas, interroga porque le asiste el derecho, quiere saber. Desea bajar sola el ómnibus. Así deberían ser todos los pequeños que como ella, padecen Síndrome de Down. No deben temer a la vida, mucho menos sus tutores que a veces colocan barreras.
Serán hombres y mujeres después… ahora son infantes, luego, adolescentes, todavía se está a tiempo de aprender de veras. Es su defensa contra un futuro donde todo ha de valerles porque ella, por ejemplo, es una niña que sueña.

