A mi maestra

Todo tu cuerpo, tu alma y desvelo tienen copa cuajada de amor y dulzura. Contigo aprendimos los primeros pasos en este andar por la vida. Subes las manos, pones en cada sitio una paloma, sólo tú puedes moldear criaturas y hacer que broten risas y acunen sueños.

¿Cómo gratificar las horas inquietas de desvelo, que quizás te quiten el sueño, el mundo de las letras, hasta cómo coger el lápiz, escribir y leer en un universo maravilloso?  Ya sé leer y Ya sé contar, son las mejores pruebas a tu dedicación.

Te nombraremos reina, hay más altas que tú, más altas, hay más puras que tú, más puras, hay más bellas que tú, más bellas, pero tú eres la reina.

Cuando vas por las calles, nadie te reconoce, nadie ve tu corona de cristal, nadie mira la alfombra de oro rojo que pisas por donde pasas, la alfombra que tejiste para lograr nuestras vidas. Y cuando asomas, suenan todos los ríos, sacuden el cielo las campanas y su himno llena el mundo, eres dicha, la verdadera reina de mis días, mi maestra.


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