Más allá de los ojos

Aprendió de las tardes cálidas, de cómo el sol se despide en el horizonte y parece perderse a lo lejos, como si tocara la mismísima tierra con la sensación de que llegará otro día mejor.
Aprendió a ver el color de las cosas con la sabia infinita de quien las comprende más allá y sabe salir de la eterna oscuridad.

También aprendió a ver, aún limitado de la vista las acciones que ennoblecen y llenan el espíritu, entregó bondad a toneles, risas, gracia sin par y humor del bueno.

Con un paso certero se abrió camino a la vida, de cara a las dificultades, como se crecen los hombres, cuando van del lado bueno y están llenos para dar, con esa mirada que brota desde lo más profundo.

Consiguió ser feliz, pese a las limitaciones y a ser útil también en tareas necesarias para el bien social.

Aprendió que lo enteramente justo está a la medida de crecer y ser uno mismo, no importa si los matices son más o menos claros, porque el corazón late rápido y fuerte y cuando le dicta al alma, no hacen falta ojos para ver.