Cigarro
El humo del tabaco es un importante contaminante ambiental. En él se han identificado más de 4 000 sustancias, la mayoría en extremo dañinas, algunas responsables de cambios del material genético de las células del cuerpo, lo que trae aparejado la aparición de tumores malignos.
Los que fuman no sólo deterioran su salud, sino que afectan la de los fumadores involuntarios o pasivos. Un fumador pasivo expuesto durante una hora a la atmósfera contaminada con el humo que genera un fumador activo, tiene un riesgo similar a si hubiera fumado de dos a tres cigarrillos y según las estadísticas, se somete a un riesgo superior al que corre el fumador activo.
El feto de una gestante es un caso crítico de fumador pasivo. Pero hay más, en la actualidad se habla del humo de tercera mano, y es que en las paredes, cortinas y muebles de una habitación donde se consumió tabaco, se impregnan muchas de estas sustancias tóxicas y también causan estragos a la salud.
El monóxido de carbono es una de esas sustancias tóxicas que forma parte del humo del tabaco, considerado un contaminante ambiental sumamente nocivo, pues se combina con la hemoglobina de la sangre y dificulta el transporte del oxígeno hacia los tejidos. Este fenómeno afecta el buen funcionamiento de todo el organismo. La nicotina y los alquitranes también son sustancias muy tóxicas que forman parte del humo del tabaco. La nicotina además del efecto tóxico que provoca a los tejidos, es la responsable de la adicción que se implanta a nivel del cerebro.
Estudiosos del tema revelan que en el humo del tabaco existen potentes irritantes pulmonares y sustancias que aumentan la secreción de moco bronquial, responsables del deterioro de la función pulmonar. Algunos componentes actúan sobre las membranas de forma directa, mientras que otros son absorbidos en la sangre o se disuelven en la saliva y se degluten.
Las nefastas consecuencias del tabaquismo no se limitan sólo al funcionamiento del organismo visto desde una perspectiva biológica. Desde el punto de vista psicológico las secuelas no son menos alarmantes: empiece solamente por pensar en el fenómeno dependencia, en que el adicto se convierte en esclavo de “un diminuto tubito de inmundicias, forrado en papel” el cual tiene que incinerar para “beneficiarse” sólo de su humo y sus “bondades” inmediatas y cuando no lo tiene le parece que es el fin del mundo.
Piense si es fumador cuánto invade el mundo de los demás al imponer los desperdicios de sus placeres y las molestias que ocasiona a aquellos que no han elegido tampoco ser fumadores involuntarios. Y piense cuánto arremete contra su economía, pues diariamente tiene que invertir una parte de sus ingresos para comprar cigarros que para colmo, de vez en cuando le hacen una trastada, pues se escapan y le queman alguna de sus más bonitas ropas.
Es difícil encontrar en el hábito de fumar un beneficio convincente más allá de los ingenuos “me relaja”, “me ayuda” o “me da imagen” y sin embargo, ¡las personas no cesan de fumar! Aun en países líderes en acciones de salud, el hábito de fumar tiene una impresionante prevalencia con efectos demoledores sobre las estadísticas sanitarias y no se trata de un fenómeno de “incultura sanitaria”, porque para la mayoría de las personas no es un secreto todo el mal que ocasiona, debemos reconocer que es una adicción. En otra oportunidad podremos compartir consejos que pueden ayudarle a deshacerse de tan dañino mal.