La mujer cubana dispuesta a la defensa de la patria
La mujer cubana es sensitiva, en su condición de fémina, de hembra de la especie humana y permeada de los elementos intrínsecos adquiridos a lo largo del desarrollo de la sociedad, bebe de la savia inherente al legado de las generaciones que le antecedieron. Leal a esos principios, comprende que ser soldado de la Patria es defender la vida y no se conforma con estar a la sombra sino de ella resurge el ímpetu, emana luz, equipara el valor y consciente asume esa responsabilidad que le impuso el medio.
En cada tarea de la defensa, la mujer cubana se crece como ser humano. Se suma a la tropa, es soldado feliz y no busca ningún derecho especial. Es defensor de la libertad, de la vida, de la Patria.
No hay nada que la detenga, no hay cabida a lo imposible, no la limita ni la detiene la naturaleza de su género. La imagen o la apariencia puede traducir fragilidad, no obstante la mujer cubana demuestra la inquebrantable y férrea voluntad de estar al acecho cuando de defender los principios inherentes a la libertad y el mantenimiento del bienestar social conquistado se trata.
Ella es ímpetu multiplicado en otros seres fruto del alumbramiento y ello la capacita para convertirse en una fortaleza indestructible. Presiente el peligro y se torna torbellino, remolino huracanado y llega a ser una fortaleza para preservar la vida, en ella se parapetan las convicciones, los ideales, se declara en voluntaria vigilia para permanecer al acecho ante cualquier amenaza.
La mujer cubana está en la primera línea de combate o en la retaguardia, ante el fuego enemigo ya sea en tierra o aire, se viste siempre de entereza y arrojo y se torna el mejor soldado.