Hilda Saavedra, por su versatilidad, eterna en el recuerdo

Hilda Saavedra nació el 19 Octubre de 1924 y falleció víctima de un infarto cardiaco, el 23 de marzo de 2011 en La Habana. La actriz prestigia la cultura cubana, acumuló un caudal de experiencia. Por la entrega, el talento y su contribución al arte, recibió varios reconocimientos: el Premio Nacional de Televisión por la Obra de la Vida, la condición de Artista de Mérito de la Radio y la Televisión cubanas, y la Distinción por la Cultura Nacional.

Abogada de profesión, pero artista de nacimiento, defendió con orgullo su condición de habanera, amante de la lectura y la investigación. Locutora y actriz, es figura destacada del teatro, del cine, la radio y la televisión cubanas de la cual es fundadora. Su vida artística comienza en la radio en la cual se le recuerda por los importantes roles protagónicos que tuvo en novelas y espacios de corte cultural. Participó como locutora exclusiva de productos comerciales.

Con 5 años, conmovida por un filme, decidió ser actriz. La familia y el amor, en varias oportunidades la desviaron de su destino y el asunto pareció zanjado cuando, en 1945, egresó de la Escuela de Derecho en la Universidad de La Habana. Por el contrario, su vocación, afloraba una y otra desde que en 1947, había iniciado los estudios en la Academia de Artes Dramáticas e hizo sus primeras incursiones en las aventuras radiales en emisoras habaneras.

En 1949 finalmente culminó sus estudios artísticos e hizo pruebas en las emisoras radiales CMZ y COCO. El 1951, debutó en la Televisión junto a Enrique Alzugaray, en la sección humorística de la revista musical Cabaret Regalías donde acudían las estrellas internacionales, dirigido entonces por Carlos Suárez, a propuesta de Enrique Vergara, mientras actúa y declama ocasionalmente en otros programas.

Integró durante 1952, aquel proyecto llamado Las Folies de CMQ, donde un grupo de actrices cantaban y bailaban en diversos escenarios, entre ellos el Teatro Blanquita. La profusión de anuncios comerciales realizados, le obligó a evaluarse en 1953 como locutora, profesión que simultaneó con la actuación en toda su trayectoria.

Hilda Saavedra fue una de las actrices negras con mayor participación en la pantalla cubana durante la década del 50, etapa donde estos actores y actrices, tenían una exigua representación.

La actuación en las tablas le llamó y por dos años se volcó a las puestas del proyecto que, en el Museo de Bellas Artes, que en funciones de jueves a domingos, en sesión doble, alternaba con los conciertos de una orquesta de cámara, junto a Enrique Almirante, José Antonio Rodríguez y Lita Romano.

En 1957, protagonizó como locutora, una experiencia inusual, diciendo información y noticias en la emisora Radio Hora, similar en sus contenidos a la emisora Radio Reloj, pero que solo usaba voces femeninas, junto a Marta Velasco, Georgina Almanza y María Luisa Macbeth, Nely Barral y Ana María Acosta, simultaneándose con la actuación esporádica en la pantalla.

Con el triunfo revolucionario, su horizonte profesional en la televisión se amplió y se mantuvo actuando pero también haciendo locución como en 1961 cuando hizo menciones políticas junto a Enrique Navarrete, Agustín Roque Fuentes, Miguel Páez, Ángel Hernández, Antonio Pera y Manolo Ortega (estos dos últimos Premios Nacionales de TV 2003) e incursionó en el doblaje cinematográfico para una película checa de los Estudios Barrandov (1962).
En 1963, actuó en Horizontes, espacio dramatizado de continuidad que inauguró una nueva forma de hacer Telenovelas - se mantuvo hasta la década del 70- entre otras, Oro verde de Maité Vera y La mirada en el mañana. Le sucedió el de Grandes Novelas inaugurado con Así se forjó el acero, con novelas literarias adaptadas y dirigidas por Roberto Garriga.

Desde los 60, la locución vuelve a reclamarla. Fue narradora en el espacio Después que llegó Colón, dirigida por Gaspar Arias y con libretos de Iris Dávila (Premio Nacional de Radio 2003), mientras que en los Estudios Cinematográficos del Instituto dobló documentales con diversos directores como Sara Gómez.

Así, alternando radio, teatro, cine y televisión, Hilda Saavedra dedicó su vida al arte. Se le recuerda por su actuación en las aventuras, La flecha de cobre y en Lila, La mariposa (Novela radial). De la televisión, resulta inolvidable la actuación en Sol de Batey, telenovela transmitida en 1985, de la obra de Dora Alonso, con adaptación y dirección de Roberto Garriga, la cual ha sido también presentada en diversos países de América Latina.

Su maestría se puso a prueba muchas veces en jurados de actuación y en Comisiones de Evaluación y como profesora de locución. En 1990, se jubiló de la vida laboral activa, lo cual no le impidió retornar una y otra vez a lo que es su vida, la actuación. Hilda Saavedra permanece en el éter como siempre la caracterizó y la caracteriza, firme y serena.




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