José Martí escribió: “Divorciar al hombre de la tierra es un atentado monstruoso.A las aves, alas; a los peces, aletas; a los hombres que viven en la naturaleza, el conocimiento de ella, esas son sus alas”. Comenzaba de esta manera una conversación con Rafael Rodríguez Ortiz, director fundador del Bosque Martiano del Ariguanabo, encantador sitio artemiseño donde se combinan los sortilegios de la flora y la fauna con sucesos de nuestra historia patria; el lugar más próximo que pueden tener las nuevas generaciones para acercarse al diario de José Martí en su recorrido de Cabo Haitiano a Dos Ríos.
Rafael Rodríguez, sembrador de la historia que se teje en el Bosque Martiano, acierta cuando dice que estamos en presencia de un museo al aire libre donde los visitantes dialogan con el viento, con las piedras, con las aves y con las plantas que allí reverdecen como regalo al Apóstol.
INAGOTABLE FUENTE INSPIRADORA
Ciego y con OCHENTA Y DOS años de edad, Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, sembró un árbol en el artemiseño Bosque Martiano del Ariguanabo y allí dejó sus versos inspirado en el hermoso sitio y en su director fundador: “Rafael Rodríguez Ortiz, de tu amor, de tu idea y de tus manos nacieron los árboles martianos que sembraron la frente de la gloria. No podía quedarse en la memoria, solamente en apuntes cotidianos, y aquí están, más crecidos y lozanos por el gua y el sol de la victoria. Emularán con los más altos montes, serán atriles para los sinsontes, se alegrarán con pañoletas rojas; y las brisas que pasan por aquí cantarán con el arpa de las hojas, versos sencillos de José Martí”. El Bosque Martiano mueve la inspiración de poetas, pintores y soñadores; como hubiese querido el Apóstol allí se siembra la semilla de la ternura y la dignidad para las nuevas generaciones de cubanos.