Muchos padres aconsejan a sus hijos sobre los peligros que entraña un comportamiento promiscuo, pero a veces no tienen en cuenta que los jóvenes viven su propia sexualidad e interactúan con el mundo exterior.
En estos difíciles tiempos donde prevalecen las infecciones de transmisión sexual: el VIH y otras que hasta el momento son incurables, es necesario elevar la comunicación con nuestros hijos, para evitar que contraigan estas infecciones, que pueden marcar su existencia para siempre.
Para lograr que confíen en nosotros, es imprescindible establecer una relación de amistad, camaradería y sin imposiciones, donde predominen la confianza y la mente abierta ante cualquier duda que pueda surgir sobre este tema tan importante para preservar la vida.
Nuestros hijos son el tesoro más valioso que tenemos y estamos en la obligación de proporcionarles los conocimientos que les sirvan como escudo para afrontar el difícil paso por la vida.
Cada etapa tiene sus características y considero que el tacto, la paciencia y el cariño que apliquemos para solucionar cada situación, en el campo de la sexualidad que se presente con nuestros hijos, serán decisivos para formar un ser humano capaz de crear su propia familia y educar de la misma manera a sus descendientes: fórmula esencial para la felicidad plena.