Manipuladores del pensamiento humano

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En la teoría de las inteligencias múltiples, la empatía, concernida a las relaciones interpersonales, se asocia a la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que puede sentir otro individuo. 

Ciertas corrientes del pensamiento psicológico postulan que la mente humana tiene en común los sentidos y sentimientos. Se plantea que la única diferencia entre dos personas es el momento en que dichos sentimientos- hablando literalmente- se disparan, provocando emociones que motivan a actuar. La empatía es posible en un individuo capaz de analizarse a sí mismo, evaluar sus sentimientos e inferirlos en otras personas de forma que no tienda a justificar sus propios deseos.

En contraposición al término pudiéramos observar a grupos de personas incapaces de expresar sus sentimientos y claro está de percibir cuándo otros tratan de demostrarle afecto; se encuentran también aquellos que guardan poca o ninguna consideración por los demás y pueden más bien, en muchos casos, manipularlas en su propio beneficio.
Este último grupo se encuentra muy en boga, cobra fuerza cual las propias transformaciones sociales que vamos experimentando.

En más de una ocasión, y desde mi punto de vista, nada que ver con la empatía, he escuchado a mis propios compañeros de trabajo quejarse de la seria problemática que existe en San Antonio de los Baños para legalizar la documentación en la notaría, sobre todo, los relacionados con las permutas, compraventas de inmuebles, dejación u otro trámite vinculado a la nueva Ley de la Vivienda; a esto podemos añadir las modificaciones para  la compra-venta de vehículos automotores, situación que debe contar también con el consentimiento de dicha entidad. La existencia sin embargo de letrados para la ejecución de estas funciones es insuficiente y genera un estado de ánimo desfavorable en la población que exige porque se cumpla el plazo establecido por la ley para cada caso.

Aparejado a ello están los nombrados oportunistas, a quienes llamaría sin temor a equivocarme “parásitos”, esos que amanecen temprano en la madrugada mientras usted se esfuerza por dejar el desayuno de la familia preparado o adelanta bien temprano en el trabajo para garantizar su contenido antes de ir a la notaría a tratar de resolver su problema.

Llega entonces esta persona sin el más mínimo de los sacrificios y sin escrúpulo le vende un turno que presuntamente le da el derecho de verse con la notaria.
Este tema, con varias aristas por donde cortar, involucra a quienes en beneficio propio se brindan para resolver su problema porque: “pobrecita, lleva tantos días viniendo temprano y aún no ha podido ver a la abogada”, luego en agradecimiento o tendría que decir, en comprometimiento, usted se ve necesitado de retribuir la acción.

Lo más idóneo en estos casos sería que el municipio creara las condiciones necesarias para evitar aglomeración de personal en términos tan sensibles como la legalidad de una vivienda o un automóvil; sería aconsejable con ello que la documentación no exceda el período permisible, y aunque es cierto que la ley lo ampara y que usted puede hacer sus gestiones en cualquier localidad, lo conveniente sería hacerlo en su propio municipio de residencia.

Junto a estas reflexiones está el llamado a las autoridades pertinentes: traten de descubrir lo que siente cualquier ariguanabense siempre que se enfrenta a trámites de esta índole; aún cuando no llegue a compararlo con la palabra empatía acérquese con todos sus sentidos a esos sentimientos.


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