Embarazadas
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La maternidad es la etapa más importante en la vida de una mujer. Constituye un período de transformaciones en todos los aspectos. Pero, ¿qué sucede cuando la vida que se lleva dentro durante nueve meses corre el riesgo de contraer el VIH?
A pesar de que los adelantos científicos y ciertas medidas de seguridad han reducido los riesgos de contagio de madre a hijo, aún las posibilidades existen.
Desde hace más de veinte años la comunidad científica internacional trabaja para erradicar el Virus de Inmunodeficiencia Humana.
Dado que la leche materna constituye un fluido trasmisor de la enfermedad desde la madre seropositiva al niño, se tomaron diferentes medidas para protegerlo.
En nuestro país se adoptó sustituir la leche materna por otros nutrientes, la determinación de partos por cesárea y la ingestión de medicamentos especialmente diseñados para retrasar el proceso de replicación del virus.De esta manera se garantiza la salud del recién nacido.
Hoy los casos de contagio por esta vía son mínimos en comparación con el resto. Sin embargo, llamamos la atención al respecto porque pueden presentarse conflictos, temor y preocupación en los futuros padres ante la posibilidad de legar su afección al pequeño.
La atención psicológica y el apoyo familiar son decisivos durante esta etapa. No por ser portadores del VIH se debe renunciar a ser feliz. Es un derecho ser madre o padre y querer disfrutar del fruto del amor. La única tarea y el principal deber es el de asumir estos roles con responsabilidad y autocuidado.
Y para los que permanecen sanos, recomendamos mantener la prevención como un arma de primera necesidad. Las relaciones sexuales seguras le proveerán del mayor regalo de este mundo, dar a luz una nueva vida, y sobre todo, verla crecer.


