Hoy me quito mi traje de periodista y escribo estas palabras como una ariguanabense común, y es que como periodista tendría que asumir una posición imparcial en mis opiniones, ni completamente a favor ni en contra.
Sin embargo, cuando se trata de hablar del pan, automáticamente recuerdo las tantas ocasiones en que he sufrido las “amargas” y “duras” consecuencias de su pésima elaboración.
Desconsuelo poderoso el que nos invade a todos los que a diario recibimos este producto, que más que el alimento rey , se ha convertido en nuestro enemigo.
En mi opinión, que seguramente será similar a la de muchos, el pan que se produce en ciertos establecimientos de la Industria Alimentaria, que se distribuye en la canasta básica, ha perdido su esencia, sus ingredientes reales y la calidad tan demandada por la población.
En cambio, (aunque no podemos generalizar puesto que en ocasiones el pan sí goza de las condiciones mínimas cualitativas) recibimos con tristeza una pieza redonda o achatada, inodora, insípida, pequeña, dura, que se deshace con el paso de las horas.
Una porción de tres tipos de harina combinadas, la nacional, la importada y la integral. Gracias a esa mezcla, siempre y cuando se encuentre en buen estado, es que podemos adquirir si no un pan, al menos una simulación del mismo.
Luego de una reciente visita a la Industria Alimentaria de San Antonio de los Baños, conocimos las dificultades con los ingredientes, por ejemplo, con el suministro de huevos. A veces se elaboran las masas con huevos de baja calidad ante la deficiencia notable.
Sin embargo, los alimentos que se producen por la Cadena Cubana del Pan y que se venden por el precio de diez pesos en Moneda Nacional no presentan estos problemas.
De cualquier forma insistimos en que este es un tema polémico que requiere profundas investigaciones. A pesar de que se ha abordado hasta la saciedad en los medios de comunicación, los responsables no parecen encontrar la solución definitiva. Mientras, la población se queja de llevar a su mesa y a su boca un producto que de pan no tiene ni la “p”, pero que sigue siendo imprescindible en los desayunos cubanos.