El alcoholismo es una adicción y una enfermedad que gana adeptos, sobre todo entre los adolescentes y jóvenes. El excesivo consumo de alcohol afecta las relaciones interpersonales, de pareja y entre la familia de quienes se agarran con fuerza a la botella.
Es muy difícil vivir con una persona que sólo tiene un objetivo en su vida: beber sin importarle las consecuencias. Es por eso que la familia juega un rol fundamental en la recuperación de quienes admiten su dependencia al alcohol y deciden obtener ayuda especializada. Es una tarea ardua y requiere de paciencia cada día para lograr que un miembro de la familia abandone este hábito tóxico y tan dañino para la salud, pero el hombre nace, crece, se desarrolla junto a sus seres queridos y quién mejor que éstos para trabajar juntos a favor de la buena salud.
La familia de un alcohólico vive momentos de angustia y necesita orientarse con un especialista en adicciones para trazar una estrategia que contribuya a que poco a poco éste se convenza de que su vida es un caos si no abandona la bebida, también es positivo que los miembros del seno familiar asistan a las consultas que se ofrecen en los centros comunitarios de salud mental ubicados en todo el país y allí reciben las orientaciones del médico.
Considero que el consumo de alcohol es una práctica que, si no se controla a su debido tiempo, destruye la armonía y el amor. Del oscuro camino al que conduce sólo se puede salir cuando la voluntad del consumidor y la ayuda de la familia, junto a la profesional, se unen para integrar al individuo a la sociedad.

