Maceo con Martínez Campos en los mangos de Baraguá
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Los cubanos mantenemos presente la lección histórica que representó y representa la Protesta de Baraguá, hecho trascendental que salvó la dignidad de la patria al oponerse Antonio Maceo al bochornoso Pacto del Zanjón firmado entre fuerzas militares del Camagüey y el general español Arsenio Martínez Campos.
Maceo como todo un estratega conocía del pensamiento del enemigo y comprendía con total certeza que si Martínez Campos pretendía firmar algún acuerdo de paz, se debía a que el general español estaba convencido de que nunca vencería a los mambises "por la vía de las armas”.
En Mangos de Baraguá, el 15 de marzo de 1878, el jefe peninsular le ofreció a Maceo dinero o la rendición, a lo que el cubano respondió: “…los hombres que, como yo, pelean por la santa causa de la libertad, romperán sus armas cuando se crean impotentes para vencer antes que mancillarse”. La cita, bajo una arboleda de mangos, a las seis de la mañana, reunió a las partes. Martínez Campos calculaba que Maceo le plantearía la abolición de la esclavitud. Maceo recibió con toda cortesía a Martínez Campos quien trató de convencer al rebelde de rebeldes, de que aceptase la paz.
El general mantuvo el honor y la dignidad de la Patria, de tal manera que a la distancia de los años el Comandante en Jefe Fidel Castro aseguró que en Baraguá se salvó la gloria, se salvó la idea, y se salvó la bandera.
Sirvió de inspiración en las distintas etapas de nuestra gesta libertaria, alimentó el patriotismo de la lucha clandestina en el combate a la tiranía de Fulgencio Batista, y trasciende hasta nuestros días en la respuesta popular ante cada una de las acciones que el imperialismo norteamericano planea contra nuestra soberanía.
El triunfo del primero de enero de 1959 ratificó la vigencia de la frase de Antonio Maceo:”Los derechos no se piden, se conquistan con el filo del machete”.
Maceo respondió con toda la energía de su mente y su corazón. Sin independencia, para él no habría paz posible. Martínez Campos se retiró y horas después escribió: "La Historia juzgará quien ha tenido la razón en este asunto". Y es precisamente la Historia la que reconoce que en los Mangos de Baraguá se escribió una página de heroísmo.
El jefe mambí tenía una brillante inteligencia política. Con la protesta de lo que se había acordado en el Zanjón, los cubanos debían comprender que la guerra no había cesado y, por igual, España. Así se echarían las bases de una continuación perenne de la lucha hasta que se consiguieran los objetivos por los cuales se peleaba. Si en el ingenio Demajagua, bajo la conducción de un hacendado, había dado inicio la lucha, en Baraguá, bajo la impronta de un modesto campesino, se forjaría su continuación. Baraguá había abierto lo que el Zanjón había tratado de cerrar.
El nombre del general Antonio Maceo traspasó para siempre las fronteras de Cuba. Había salvado el honor de los cubanos.