Piercing
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Horadar es un verbo de uso poco frecuente en nuestras conversaciones diarias. Sin embargo, su significado está cada vez más presente entre la juventud actual ariguanabense.
Constituye una moda milenaria horadarse ambas orejas, en el caso de las mujeres, pero hoy, incluso los hombres emplean esta técnica y no es raro encontrar además esos famosos piercings en las cejas, la lengua, el ombligo, en el labio inferior y en los sitios corporales más insospechados.
Muchos desafían el dolor y las molestias que esta conducta trae aparejada. El gusto estético, el estilo personal y la contemporaneidad imponen la costumbre de crear orificios por doquier, muchas veces sin tener en cuenta los peligros de esos atributos, clínicamente hablando.
Los perjuicios de los piercings se dan en la poca seguridad con que algunos se los colocan.
Lo primero a considerar es que la persona encargada de esta función sea un buen profesional, nada de principiantes cuyo trabajo tengas luego que lamentar.
Jamás permitas que te realicen perforaciones con agujas inapropiadas, infórmate previamente y cuida de que el material esté sometido a un riguroso proceso de esterilización, para evitar posibles infecciones, o incluso, contraer el VIH.
En mi opinión, la moda no debe lacerar tu cuerpo, nada de anillos o pendientes ásperos que lesionen la piel o las mucosas, pues aunque las heridas de piercing cicatrizan entre los siete y diez días, cualquier precaución es poca.
Se recomienda limpiar la zona con suero fisiológico, curarla con pomadas antibióticas y cicatrizantes.
Ya lo sabes, tu decisión debe estar sustentada en el conocimiento y las medidas necesarias para garantizar tu seguridad física y estética.
Si vas a horadar tu cuerpo, al menos, que sea de manera segura.