Niñas que se visten y actúan como mujeres, bailan con sensualidad temas que ni siquiera logran entender, adoptan poses adultas ante la mirada aprobatoria de sus padres, que desconocen, quizás, el daño que les hacen.
Pienso que nuestra vida cotidiana está plagada de escenas como esta. Una pequeña de apenas dos años, aún con tete en su boquita, baila como la más experta reguetonera. Un niño de tres años se expresa de manera inapropiada, mediante frases del argot popular que muchos adultos ni siquiera emplean.
Ante ello, su familia sonríe y disfruta del espectáculo, mostrando a los demás, lejos de un talento o habilidad del niño, una triste pérdida de inocencia.
El mundo infantil de otrora, las canciones de dulces melodías y los vestidos y accesorios para niños desaparecen de la realidad actual. Sin pretensiones generalistas, opino que mucha ropa solo varía en el tamaño, así, podemos encontrar tacones altos para mujeres de 30 años y niñas de 5, pantalones a la cadera, sayas cortas y blusas escotadas.
En mi opinión, el interés de las pequeñas también ha ido variando. Muchas no se preocupan por estudios o juguetes, sino porque sus padres las dejen tener novio, maquillarse, depilarse o hacerse un tatuaje.
Nuestra Calle Real ve caminar cada fin de semana a todas estas “pequeñas muñecas Barbies”, menores de 13 años.
Desafortunadamente, la afluencia de imágenes de moda y frivolidad que aparecen en los medios audiovisuales, concursos de belleza, novelas y reality shows, representan prototipos erróneos y contribuyen a moldear la mente de esas niñas que queman etapas esenciales de sus vidas por querer “disfrazarse” de mujeres.
Cuando queda atrás el juego y las muñecas, y los padres no hacen nada por revertir los daños, entonces ellas tendrán un despertar demasiado crudo, comenzarán a sufrir embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual…Quizás, al tener treinta, estarán cansadas de la vida de adultas y extrañando lo que nunca vivieron, querrán retroceder el tiempo.

