Tener el don de contar, de atrapar historias convierte a la cuentística de Onelio Jorge Cardoso en lo mejor de nuestra literatura a la vez que lo universaliza. Fraguó el espíritu, al sentir en carne propia el dolor de los hombres y mujeres humildes reflejados en sus cuentos, penetró con notable agudeza y realismo en la crítica situación social pero hay mucha poesía también en ellos. La original maestría en el uso del lenguaje descubre al hombre de entonces, sumergido en el universo elemental de aquella caricatura de nación.
El narrador cubano (1914-1986) nacido en Calabazar de Sagua, conocedor de la vida rural fue capaz de presentarnos el perfil de una época difícil sobre todo para la familia del campesino en Cuba.
Cardoso nos entregó en cada obra un pedazo de historia, con estilo inconfundible trabaja la prosa de manera directa, poética, con lenguaje fresco y espontáneo. Dueño de la palabra convence por el profundo respeto por el hombre humilde o la mujer sufrida lo lleva a destacar siempre las anécdotas, las aspiraciones, las frustraciones, en la lucha por sobrevivir porque la mayoría de los personajes son seres que sufren en su propia carne las consecuencias de vivir en una sociedad de explotados y explotadores lo cual le concede la capacidad de seres universales.
En un conversatorio en la sede de la UNEAC, el autor de textos imprescindible de la cuentística cubana, expresó sobre su producción literaria: “Los años, el cúmulo de lo vivido, quitan y dan muchas cosas. Para el escritor la experiencia, que da los años, no significa nada si no es un precipitado de entrañable vinculación con la poesía, con el hecho poético que se desprende de la vida del hombre, para hacerlo definitivamente diáfano para la comprensión y el sentido… Por eso la tarea del escritor es tan ardua y sus reveses son infinitos, porque la poesía está haciéndose, madurando siempre, en la vida. Y la poesía, aunque sea una pizca de ella, no se manifiesta fácilmente; hay que descubrirla entre los resplandores de la vida misma y, además, trasladarla con suerte y gracia a la letra, a la literatura, que es la construcción del escritor, el fruto de su trabajo”.
Onelio Jorge Cardoso, considerado el Cuentero Mayor, por el dominio de la técnica, con estricto apego a la síntesis mantiene al lector al acecho, nos atraen las historias donde no abundan las descripciones innecesarias de nuestro campo, ni se detiene en el alma de sus personajes pero con maestría son dibujados, de igual manera está la aguda denuncia social.
Titula algunos de los cuentos con nombres de mujer así Estela, Mi hermana Visia, Leonela, Isabelita los cuales revelan con profundidad la vida de la mujer, las incomprensiones, el rincón donde permaneció hasta el triunfo de la Revolución. Con la lectura de los cuentos de Cardoso salta el dolor ante las angustias de la vida inútil, cánones impuestos por la discriminación, las diferencias sociales, la pobreza como detonantes que laceran el espíritu y llenan de oscuridad el alma humana.
La maestría extraordinaria del autor nos atrapa y sentimos la necesidad de continuar, con la lectura como cómplice, en el camino hacia el conocimiento a través de toda la vasta producción del creador.
Transitamos por el tiempo junto a él, disfrutamos con Taita, diga usted cómo, Hierro Viejo con el cual mereció el Premio Nacional de la Paz, El Cuentero, referente obligado si hablamos de la obra más popular; después del Triunfo de la Revolución acompañó la gran obra en el proceso de cambio, contribuyó a alimentar el mundo espiritual y fue protagonista del cambio social.
Se desempeñó en diversas responsabilidades sin dejar de escribir, así El Caballo de Coral; Gente de pueblo, El hilo y la cuerda, y Caballito Blanco, una antología donde aparecían la mayoría de sus cuentos para niños recogidos en revistas o en otros libros estos entre otros forman parte de la larga lista de títulos; indetenible Cardoso es considerado el Cuentista Nacional Cubano, la mayoría de sus obras son adaptadas para el cine, el teatro, la televisión e incluso la radio. Sus publicaciones han sido traducidas a docenas de idiomas en todo el planeta.
Murió en La Habana, el 29 de mayo de 1986. El intelectual y revolucionario Armando Hart Dávalos expresó con justicia: Como algunos de sus personajes, Onelio es un vencedor de la muerte. Desde hace tiempo vive en las letras cubanas y en el corazón de su pueblo, y vivirá siempre.

