Trascender como genuino arquetipo del obrero cubano de la difícil época que le tocó vivir no es una opción al alcance de todos los seres humanos. Lázaro Peña ascendió desde la condición de hombre humilde, venció las estrecheces del hogar y los efectos de la discriminación racial, transitó por disímiles oficios para contribuir a la economía familiar: fue aprendiz de herrero, carpintero, albañil, sin lograr un empleo estable.
Es en la industria del tabaco donde logra finalmente aprender un oficio, el de torcedor, en cuyo silencioso quehacer escucha la lectura de textos que irán moldeando su cultura popular, o el discurso de un orador, que le permite rememorar el privilegio de los emigrados cubanos de Tampa y Cayo Hueso.
Lázaro ejerció brevemente como lector de tabaquería, todas estas facetas permearon la sensibilidad de este auténtico hombre de pueblo. Así llegó a ser el máximo dirigente de los obreros tabacaleros. Y en 1939, al constituirse la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC) fue electo para dirigir esta combativa organización. Encarcelamientos, persecución, represión y calumnias, fueron enfrentados con valentía y patriotismo por el dirigente obrero que por su capacidad llegó a tener responsabilidades como vicepresidente de la Federación Sindical Mundial, en defensa de los obreros del mundo.
Se desarrolla así un período de luchas de los trabajadores y de todo nuestro pueblo por reivindicaciones laborales y políticas que condujeron a la constitución de la unitaria Confederación de Trabajadores de Cuba, el 28 de enero de 1939, con la cual se alcanza la unidad definitiva del movimiento sindical cubano.
Y es a Lázaro, sin dudas, a quien se debe, en primer lugar, haber logrado este trascendente, anhelado y estratégico propósito. Solo la grandeza de espíritu se impuso y quedó en la memoria de los hombres y mujeres que lo reconocen así porque fue Capitán de la clase obrera, como años más tarde lo calificara Fidel. Junto a otros prestigiosos líderes obreros fue el artífice de aquel nuevo aporte a la batalla por alcanzar la unidad de los trabajadores y de la nación cubana.
Tuvo la dicha de ver el triunfo revolucionario del 1ro. de enero de 1959 en su patria. Y, desde el inicio, se sumó a la construcción y defensa de la obra soñada, por la cual tanto luchó. Sus méritos avalaron su elección como Secretario General de la Central de Trabajadores de Cuba e integrante del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
Lázaro nos guía en nuestro quehacer laboral y sindical, y debemos tenerlo siempre presente en nuestro pensamiento y acción cotidianos. Las actuales y futuras generaciones de dirigentes sindicales y de trabajadores debemos seguir su ejemplo de consagración y aprender de su extraordinario talento al interpretar el significado de la unidad indestructible de los trabajadores y nuestro pueblo, de su sensibilidad y sentimientos solidarios e internacionalistas, de su capacidad para orientar a los trabajadores, y de sus enseñanzas como maestro de cuadros revolucionarios.