Leonor Pérez, madre de José MartíEnglish Version
Un valioso referente para recordar a Leonor Pérez y para contribuir a la formación de valores desde el hogar y la escuela lo constituyen las cartas de José Martí a la madre; motivar la lectura y el estudio de la vida y obra del patriota, del revolucionario, del ideólogo y sobretodo del hombre, del padre, del hermano, del amigo, del amantísimo hijo que fue con su madre Leonor lo dignifican y humanizan aún más, su condición de hombre inmortal.
Resulta el epistolario martiano sorprendente, a la vez, constituye una lección, es una experiencia tierna, reveladora del mundo interior de este cubano de alma noble. En sus páginas están contenidos los sentimientos y la personalidad del hombre más puro de la raza humana, en él no tuvo cabida el rencor, el egoísmo alimentó una profunda sensibilidad por el dolor humano, el apego a la libertad e independencia, el ansia infinita de conocimiento y el patriotismo entre otros muchos valores que a los ojos de los cubanos lo convierten en el Héroe Nacional.
Para este hombre nunca fueron inútiles la verdad y la ternura, y quizás presagiando su temprana muerte, le suplicó a su madre: “No padezca”. En ello imploraba para que se entendiera que el sagrado deber por el destino de la Patria guiaba sus pasos y le imponían a su vida, limitaciones. La distancia y el exilio como el peor castigo y padecimiento humano eran el precio en la lucha de forjar un futuro mejor para Nuestra América.
Doña Leonor sobrevivió doce años a su primogénito Pepe, como ella cariñosamente le llamaba. La muerte de ella, a los 79 años, ocurrió en La Habana el 19 de junio de 1907, en medio de una gran pobreza.
A pocas horas de emprender el camino hacia la guerra necesaria, José Martí le escribía a su madre, Doña Leonor Pérez: “En vísperas de un largo viaje estoy pensando en usted. Yo sin cesar pienso en usted. En la cólera de su amor, usted se duele del sacrificio de mi vida. ¿Y por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? Palabras no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil.”
La voluntad de José Martí de servir a la Patria le imponían una alta dosis de sacrificio, de entrega, la labor de Martí en la formación de la conciencia lo enaltecen, contribuyó al sentimiento nacional y más aún al sentimiento latinoamericano y universal al definir Patria es Humanidad.
Leonor vio a al hijo crecer física y espiritualmente. Dotado de una exquisita sensibilidad, José Julián escribió textos conmovedores, así lo expresó cuando categóricamente jura lavar con su sangre el crimen cometido contra un negro cimarrón, estuvo en la noche de los sucesos del teatro Villanueva. Lo supo tal vez definitivamente cuando aún adolescente y esclavo de su edad y sus doctrinas, su único hijo varón fue condenado por el delito de infidencia a trabajos forzados en las canteras de San Lázaro.
Vino el destierro del joven patriota, su breve retorno a la Patria, su posterior peregrinar por la América Nuestra, su prolongado y batallador exilio en el Norte revuelto y brutal. Después vino la guerra y el sacrificio de la vida de José Martí, de cara al sol, en el cruce de Dos Ríos.
La grandeza del hijo que jamás dejó de amar y que le declara que le llenaba de espinas el corazón por la ausencia, glorifican a Doña Leonor por darle la vida al Apóstol de la independencia de Cuba.
Dos meses antes de caer en combate, José Martí remite una carta a su madre, fechada el 25 de marzo de 1895, en la ciudad dominicana de Montecristi, documento que se considera entre los testamentos familiares.
En uno de sus párrafos el hijo cariñoso le decía: “Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que usted pudiera imaginarse. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca”. El texto es expresión del profundo amor filial y continúa… ¿por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre.
La familia Martí – Pérez marcó, al patriota cubano, en su formación ético-moral. El joven José Julián expresa: “¿Y de quién aprendí yo mi entereza y mi rebeldía, o de quién pude heredarlas, sino de mi padre y de mi madre?”, señalaría con justicia. Puede decirse que el amor de Martí por “los pobres de la tierra”, comenzó en el hogar.
Releer las cartas y las poesías de José Martí es además de un encuentro con el ilustre escritor, defensor de las libertades del mundo, la presentación de la armonía entre el amor a Doña Leonor y a sus hermanas, el cual nunca estuvo por debajo de los principios independentistas; constituyen un arma eficaz para guiar a las nuevas generaciones en nombre del amor.