María de los Ángeles Santana
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A los cubanos nos pertenece el privilegio de disfrutar de las excepcionales cualidades de María de los Ángeles Santana, actriz y cantante lírica. Prestigiosa figura de la cultura cubana, que desarrolló una extensa y fructífera carrera artística en el cine, el teatro, el cabaret, la radio y la televisión. Nació el 2 de Agosto de 1914, evocarla es rendir homenaje a su fructífera vida y contribución a la cultura nacional.
Gozó de la aceptación, el cariño y la admiración de varias generaciones, es considerada uno de los mitos del arte cubano, fue aclamada en México y Estados Unidos de Norteamérica y, sobre todo, en España, durante el decenio de los cincuenta, como primera figura de la compañía de revistas de Antonio y Manolo Paso. La ascendente trayectoria profesional entre 1945 y 1947 la hicieron acreedora del título de Reina Nacional de la Radio de 1948, en virtud de un concurso que desde seis años atrás auspiciaba el rotativo Mañana.
El compositor Eliseo Grenet, a propósito de la coronación le envió una carta y le expresó: «Mi reina María de los Ángeles: eso es lo que tú eres, una reina; pero no solamente del radio, sino de toda Cuba».
María de los Ángeles estrenó composiciones de Lecuona lo cual significaba el reconocimiento de sus dotes como intérprete así por ejemplo la Santana recordó siempre con mucho amor: “El jardinero y la rosa” y “Te vas, juventud” entre tantas otras estas precisamente interpretadas cuando gozaba plena juventud, el texto dice: Ya no tiene flores/ el jardín de mi ilusión/ se han marchito todas de dolor/ y como las flores/ tengo yo marchita el alma/ de pensar que ya su amor no volverá.// Juventud, que te vas/ para nunca volver/ qué tristeza me da/ al ver mi soledad./ Juventud, que te vas/ y no dejas en mí/ ni el recuerdo fugaz/ de aquel inmenso amor.// Para qué recordar/ la ilusión de un ayer/ que ya no volverá a mi corazón./ Juventud, te llevaste contigo mi amor,/ el amor que fue todo en mi ser/ y que nunca podré olvidar.
Ante el contraste del texto con la bella imagen y sus mejores años de juventud, la intérprete duda poder corresponder con los sentimientos que debía trasmitir y así se lo comunica a Lecuona, este activo en su magisterio le manifestó que él escribía no solo para el presente sino para el futuro además le apuntó lecciones imborrables en toda la larga vida como cantante al precisar que para el éxito en el arte de interpretar un texto, hay que abrir paso en sus ideas a las ilusiones, no entorpecer la rima, no pensar en que recita, sino decirlo con el corazón.
Hoy transitamos a través de la memoria musical y en realidad esa letra hoy nos hace pensar en María de los Ángeles Santana quien trascendió en el tiempo como solo lo hace el verdadero artista al salir ante el público y poner el alma en cada presentación así logró despertar emociones, sensaciones y en franca complicidad lo trasmitió al espectador.
María de los Ángeles Santana participó en obras líricas, comedias, dramas. Todos estos géneros también los encaró en televisión, por varias décadas, fundamentalmente para el espacio Teatro-ICR, en el cual dio muestras de su histrionismo en títulos como María Estuardo (Federico Schiller), Doña Rosita la soltera (Federico García Lorca), El abanico de Lady Windermere (Oscar Wilde), Intimidad de una estrella (Clifford Odettes), ¿Quién le teme a Virginia Wolf? Edward Franklin Albee), La antesala del infierno (Sydney Kingsley), El ángel azul (Carl Zuckmayer), Ana Karénina (Liev Nikoláievich Tolstoi), Un tranvía llamado deseo (Tennessee Williams). Irrepetibles resultarían, además, sus caracterizaciones de Amparo en Una casa colonial, de Nicolás Dorr y Tia Meim, en la adaptación de Nelson Dorr y Abelardo Estorino de la novela Auntie Mame, del escritor norteamericano Patrick Dennis, la cual inspiró luego la versión teatral homónima de Jerome Lawrence y Robert E.
El personaje de la alcaldesa Remigia, interpretado desde 1963 y durante dos décadas en el programa televisivo San Nicolás del Peladero, la situaron entre los artistas más populares a lo largo y ancho de su patria.
María de los Ángeles Santana, figura indispensable cuando se habla de la cultura cubana desde los años 30 del pasado siglo recibió el reconocimiento a la obra de la vida, por excepcionales condiciones, se le premió con dos altos galardones: el Premio Nacional de Teatro, en el 2001 y el Premio Nacional de Televisión en el 2003, así como la Orden Félix Varela de Primer Grado, la Distinción por la Cultura Nacional y la Medalla Alejo Carpentier otorgadas por el Consejo de Estado de la República de Cuba.
Recordar a esta genuina mujer en escena es gratificar al alma, es volver a disfrutar de su personalidad carismática, la depurada técnica en el canto, las excepcionales cualidades histriónicas y exquisita sensibilidad que nos hacen evocar las estrofas de El jardinero y la rosa y sus repetidas interrogantes:
¿Quién te llevó de la rama,
que no estás en tu rosal?

