Vivimos para aprender de los grandes hombres que en desafío a la historia nos dejaron lecciones imborrables acerca de temas trascendentales como el amor, la libertad, las guerras, los derechos humanos entre otros. Sobre este último tema en particular, aún en tránsito por el 2012, la práctica de la esclavitud sigue siendo deplorable.
José Martí, el gran pensador cubano y hombre de su tiempo expresó: Un pueblo no es independiente cuando ha sacudido las cadenas de sus amos, empieza a serlo cuando se ha arrancado de su ser los vicios de la vencida esclavitud, y para patria y vivir nuevos, alza e informa conceptos de la vida radicalmente opuestos a la costumbre de servilismo pasado, a las memorias de debilidad y de lisonja que las dominaciones despóticas usan como elementos de dominio sobre los pueblos esclavos.
Así cuando celebramos el 23 de agosto como día Internacional del recuerdo de la trata de Esclavos y de su Abolición junto a los recuerdos de la esclavitud en sus cuatro siglos de duración, la extrema violencia, el costo humano y el profundo trastorno que causó al continente africano y las amplias repercusiones de índole económica cultural, espiritual y social en nuestros pueblos este fenómeno aún esta por resolver pues quedan solapas formas de manifestarse en todo el mundo.
Estudiosos del tema coinciden en que existe una relación recíproca entre capitalismo y esclavitud evidencian que conforme varía el dinamismo del capitalismo, el carácter represivo de la actividad laboral también varía, la esclavitud suele reaparecer en la misma proporción que avanza las formas autoritarias de gobierno.
La esclavitud es hija de tinieblas, un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción, así lo definió Simón Bolívar. Ante las amenazas y realidades de nuestros pueblos que viven sin libertad prolifera la explotación y se expresa en el abuso de personas con desventajas sociales. Miles de ellos en todo el mundo viven y mueren como esclavos en una forma u otra.
Inspirados en el rechazo a la esclavitud se expresa el sentimiento de preferir morir de pie, que vivir de rodillas.