La familia: esencia educativa
A través de la transmisión de valores, creencias, costumbres, tradiciones y habilidades, los miembros de una familia contribuyen también a la educación de niños y jóvenes.
Nuestra sociedad enfrenta una evolución en los últimos tiempos que repercute de forma directa en la familia y la escuela. Cambios rápidos y profundos demandan una nueva visión educadora, y exige la colaboración entre maestros y progenitores.
La mujer, por ejemplo, se incorporó al mundo laboral, por lo que dejó de ser la encargada exclusiva de la formación de los hijos, y delegó en la escuela parte de esa tarea.
A veces, ante la premura de la vida diaria, los problemas económicos y preocupaciones de diversa índole, los padres olvidan su deber educador. Consecuentemente, el niño puede experimentar desinterés, falta de motivación, dependencia, bajo rendimiento, fracaso escolar e incluso actitudes violentas.
Solamente en esa relación de intimidad, afecto, ayuda, orientación y soporte al calor del hogar, es posible que los pequeños continúen el rumbo correcto en su vida escolar y personal. A su vez adquieren responsabilidades, madurez e independencia, rasgos que se adhieren a nuestra personalidad a través de aciertos y errores.
Pienso que los retos actuales de la educación precisan de ese esfuerzo mancomunado, de las constantes visitas de los padres al centro escolar y de tareas que los involucren al plan docente.
Este curso nace con la prioridad de cumplir los lineamientos aprobados en el sexto congreso del Partido Comunista de Cuba, referentes al sector educacional. Si deseamos elevar la calidad y el rigor del proceso docente educativo, así como la jerarquización del profesorado, debemos también convertir el hogar en escuela, para formar a esos hombres nuevos, relevo de la sociedad actual.


