La humanidad y con ella la civilización desde tiempos remotos se debate entre juicios y criterios acerca del actuar de una generación a otra y es que por supuesto el tiempo media entre los comportamientos humanos e impone conductas en las que cada individuo le imprime el sello personal, el sentido de responsabilidad y la percepción de la verdad, de acuerdo por su puesto al seno familiar, la escala de valores y el entorno social.
Los jóvenes y la familia están hoy en el centro del debate social en nuestro país. Adultos y jóvenes entran en contradicciones pero basta la tolerancia y la comprensión de ambas partes para que se acepten los criterios, debe ser una relación de reciprocidad inter-generacional.
Justo cuando el siglo XXI avanza, la juventud cubana tiene, dentro de la familia y la sociedad, el gran desafío de hacer valederos los derechos desde posiciones responsables, con entrega y seriedad en el estudio y luego en el trabajo con disposición y disciplina laboral además elevar la preparación en temas de educación de la sexualidad, que permita aumentar la percepción de riesgo en torno a las ITS/VIH-sida y a los embarazos en la adolescencia. Elevar sus conocimientos en cuanto a los temas de derechos, medioambientales y tributarios. Aumentar su preparación en una cultura de paz y respeto a la diversidad sexual, entre otros. Los jóvenes deben asumir una actitud responsable ante la vida social para que se reconozcan como los principales actores de los cambios sociales y participen de manera crítica y consciente.
Las sociedades y las familias cambian y por ello es conveniente recordar que los jóvenes son el reflejo de la sociedad, y más aún revelan la familia de procedencia, ellos por lo general, son transformadores de las tradicionales formas de acción. Los jóvenes en todos los tiempos llevan en sí los valores propios de la época en que se formó su generación. Por lo tanto, no están en condiciones de aquilatar a cabalidad el presente y le toca a la familia y a la sociedad la labor educativa constante.
Ya en los tiempos de los faraones en Egipto, los sacerdotes tenían preocupaciones semejantes.
Los jóvenes viven la presión del desmedido afán de poder; la opulencia y la miseria forman las caras de la moneda y en ocasiones una parte de ellos se sienten deslumbrados ante la ostentosa pero tambaleante imagen que ofrecen los poderosos.
Los jóvenes en Cuba pueden acceder a la información, a la salud, a la educación, a la cultura, el deporte, disfrutan de la tranquilidad ciudadana, la posibilidad de empleo, a los padres en primera instancia deben corresponder en un acto que da fe del crecimiento humano y a la sociedad en consecuencia con los hombres y mujeres que en el empeño han dado su vida.
Eterna gratitud siento por mis padres. Desde la humildad de mi hogar, aprendí a valorar la inmensidad del amor, el precio de una caricia y el costo de una respuesta áspera o lastimosa. Como herencia guardo el respeto al trabajo, el apego a la verdad y a la justicia, a la honestidad, el amor al prójimo sin discriminación y el derecho a la libertad de expresión.


