Como bien dijo a esta reportera, Mirta Suárez, directora general de Comercio y Gastronomía en el municipio artemiseño de San Antonio de los Baños, se hacen esfuerzos para mantener estabilidad y calidad en esos servicios.
La disponibilidad de recursos que garanticen las ofertas en cada establecimiento es uno de los puntos álgidos a la hora de analizar qué ocurre con la gastronomía popular estatal. No es nuevo para ningún cubano el asunto, debatido durante décadas y donde muchos han opinado que el hecho de no constituir negocios personales, no compromete a las administraciones con los detalles mínimos requeridos.
Es bien difícil lograr estabilidad, pues hemos visto mejorías en más de una ocasión en alguna unidad estatal con servicio de cafetería o restaurante y cuando pasa el tiempo, cambia la administración y con ello, todo el sentido de atención esmerada al público.
No creo que sea el Ariguanabo de los peores sitios en la geografía cubana con tal dilema. Es notable que hoy la mayoría de sus establecimientos tienen más higiene, sus empleados mejor presencia, pero quizás la variedad en la oferta no sea la necesaria, aunque es justo reconocer que la calidad de los productos se ha elevado.
Un ejemplo que a muchos llama la atención es la pizzería de la localidad, situada a unos 30 kilómetros al suroeste de la capital cubana. Allí la relación calidad-precio es adecuada para el bolsillo de los pobladores que buscan algo ligero para continuar su paso hacia diferentes actividades cotidianas. Cuando se interroga a comensales, empleados o directivos, todos coinciden en el sentido de pertenencia, en el amor porque las cosas salgan bien para que la pizzería brinde mejor servicio, pero todos nos preguntamos ¿por cuánto tiempo será de este modo?
Tampoco para nadie es secreto que la flexibilidad del trabajo por cuenta propia ha incrementado ostensiblemente los puntos de venta de productos gastronómicos. Las estadísticas indican que la mayoría de los que optan por esa modalidad laboral, se han vinculado de una u otra forma al expendio de alimentos y son muy bien acogidos por su variedad y calidad, aunque no todo sea perfecto, pero ese no es el tema de hoy.
Lo cierto es que han servido de espejo a la gastronomía estatal, que quiera o no, tiene una fuerte competencia con quienes deben perfeccionar su hacer para mantener un negocio propio, lograr buenos costos en los proveedores, no disparar los precios a los clientes y asegurar pagar al fisco en tiempo y forma.
No todo lo que brilla es oro para unos y otros. Pero el pueblo tiene más posibilidades de escoger, de analizar y llegar a conclusiones sabias.
Podríamos poner los cronómetros en marcha y no adelantarnos a los acontecimientos o hacerle pensar a alguien que no confiamos en las capacidades de los gastronómicos para realizar un trabajo de excelencia durante todas las horas de todos los días. Ya dimos la arrancada, esperemos ahora los resultados.

