Para vivir en armonía los unos con los otros

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La vida de los seres humanos transcurre en sociedad en ella y gracias a ella los individuos se desarrollan desde la familia, la escuela, el trabajo y las relaciones sociales. Resultan las relaciones interpersonales la vía para el intercambio y las demostraciones de sentimientos, puntos de vistas, criterios afines o discordantes pero en todos los casos debe primar el respeto al otro.  

La convivencia no puede ser idealizada ni es un concepto de ciencia ficción. El término alude a la coexistencia en armonía para ello debemos hacerlo sujetos a normas y reglas de cortesía donde no solo pensemos en nosotros sino en los otros.

La sabiduría popular recoge que lo cortés no quita lo valiente, expresión que concede especial valoración al actuar consecuente, afable, respetuoso con los demás sin que con ello se mengue los otros valores y por consiguiente atañe tanto al hombre como a la mujer porque se aprende a ser cortés desde pequeño; en ello tiene gran responsabilidad la familia y la escuela.

Cortesía es entonces sinónimo de educación, de cultura. Innumerables son las muestras que le debemos a nuestros semejantes, el intercambio y el ejercicio sistemático de ellas nos hace mejores seres humanos y tornan la vida más agradable y placentera.

La familia la primera escuela, es allí donde vemos y escuchamos actuar a los mayores por primera vez, y donde nos permiten o nos regañan por ciertos comportamientos. El ejemplo es la primera enseñanza que le damos a nuestros hijos. Cuando se crece, la educación formal se convierte en nuestra mejor apariencia. Los mediocres lo consideran cursi, los inteligentes la veneran. La cortesía es uno de los mejores atuendos.

Compartir el saludo, los buenos días, ceder el paso a la ancianidad, a la niñez, a un desvalido, a una mujer embarazada, ayudar y ser solidario con el necesitado son muestras de cortesía que desde el hogar debemos cultivar para ponerlas en práctica en la vida en sociedad.

El comportamiento en la mesa precisa siempre, no hablar nunca con la boca llena, masticar silenciosamente, no apoyar los codos, sino mantenerlos cerca del cuerpo, aun cuando se tenga que cortar un alimento. Además los alimentos no deben nunca esparcirse desordenadamente en el plato, sino que deben mantenerse recogidos en el centro del mismo. Recuerda ante la disyuntiva de un ofrecimiento no rechacéis nunca los alimentos que se te ofrezcan: Es mejor tomar una porción pequeña de ellos para no ofender al ama de casa, la cual podría sospechar que la comida no es de nuestro agrado. Para rechazar un vino o cualquier otra bebida, basta hacer una señal con la mano, en el momento en que alguien va a servir él liquido en el vaso. Estas conductas deben ser siempre ejercidas con naturalidad y convicción de sentirnos cómodos para disfrutar el placer de compartir con los demás.   

En ocasiones somos testigos del empobrecimiento de estas normas de comportamiento social y ya no sabemos si realmente evolucionamos o somos irracionales. No permitamos que estos tiempos de avance tecnológico nos hagan "tan contemporáneos" que olvidemos lo realmente importante.

De qué vale haber estudiado tanto tiempo o tener un reconocimiento social en el ejercicio de una profesión sino puedes abrir la boca o dar en paso en lugares públicos, porque, literalmente, ahí mismo se echa todo a perder. Abrámosle paso a las buenas conductas, desempolvemos esas normas sociales que no precisamente te hacen ver “a la antigua”, sino verdaderamente, a lo que siempre vale.

Multiplicar sin distinción de edad, sexo, procedencia social o nivel cultural las normas de cortesía, inculcar desde los primeros años de vida estas en las prácticas de las relaciones humanas dan muestras del desarrollo individual y social puesto en práctica en el marco de las relaciones sociales.



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