La historia exige nuevos números

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De grandes es la historia. También de bárbaros que cuentan. No siempre son grandezas humanas las que vencen. Muy alto han de escalar los pequeños el camino a la cima de la dignidad.

De gigantes que aplastan, de enanos indomables suma otras verdades. Goliat y su adversario.

 

Una onda sabia contra la inmoralidad más cruel llenó de gloria al pequeño David.

A Cuba y al empeño contra el bloqueo irracional se le unen los que saben pensar. No importa el tamaño enemigo o amigo. Las intenciones cuentan, los actos deciden el fin de las contiendas.

Siguen siendo los números los reyes de la historia. Cuántos mueren, cuántos matan, definen las batallas. Cuántos votan contra Cuba, los que dicen NO al escandaloso embargo, asumen el coraje de un pueblo indetenible.

Estados Unidos nos incluye en arbitrarias listas como terroristas, ¿En cuál se ubican ellos?

¿En las de paz y la armonía, a fuerza del mayor poderío bélico?

Se acercan elecciones para el amo del Norte. Condicionaron nuestra asistencia a la Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias. ¿Es casual el hecho?

Una Isla antillana se sabe digna y grande. Sabe que no está sola. El continente aun no “anda en cuadro apretado como la plata en las raíces de los Andes”. Pero sí vibra en cada empuje al sur del Río Bravo por el “equilibrio del mundo”.

¿Qué dirían de este mundo los firmantes de la carta de las Naciones Unidas sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial? Sin derechos ni igualdades vive la mayoría. Indignos e indignados se alejan en ideas y actos.

Bloqueo genocida no es obra de grandes. Paz, diálogo, respeto, tolerancia, cobran vida en un caimán miliciano que vigila y aguarda, que ama y construye, que denuncia y exige nuevos números y mejores sueños.